Trump volvió a marcar la agenda desde tres frentes distintos. Primero, redujo en casi 3 millones de acres los monumentos de Bears Ears y Grand Staircase-Escalante, abriendo un litigio sobre los límites del Antiquities Act: sus defensores hablan de restaurar el criterio de «área mínima» y acceso público, sus críticos denuncian sobreextensión ejecutiva.
Segundo, mantiene en suspenso su promesa de cheques de $5,000 tras la elección. Según Russ Vought, la Casa Blanca esperará al «otro lado» del proceso electoral para fijar un plan financiado con ingresos arancelarios y ahorros fiscales, aunque las cifras aún no están definidas.
Tercero, rechazó imponer «guardrails» a la inteligencia artificial, argumentando que el sector necesita un «presidente fuerte e inteligente» en lugar de nuevas regulaciones, en contraste con voces de la industria —como Anthropic— que piden un desarrollo más cauteloso.
Entre tierras públicas, gasto fiscal y el futuro regulatorio de la IA, ninguna otra figura tocó tantos ejes de poder esta semana.
















































