La escena lo dice todo. Elvis Guerra, uno de los protagonistas del bordado que llegó a Palacio Nacional, pasó en pocos días del reconocimiento público a denunciar que su casa fue atacada a balazos en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.
Las dos fuentes coinciden en el eje de la historia: Guerra formó parte del grupo de artesanas del taller textil Creaciones Biulú que bordó el patrón de flores del vestido que Claudia Sheinbaum utilizó durante su segunda ceremonia por el Grito de Independencia, realizada el 15 de septiembre.
Pero el giro de la semana no estuvo en el vestido. Estuvo en la trastienda de Juchitán. La Fiscalía General del Estado de Oaxaca informó que la vivienda de Guerra fue atacada a balazos durante la noche del viernes 18 de septiembre de 2026, en el Callejón Enrique Jiménez de la Novena Sección. Según la autoridad, los agresores dispararon contra la fachada y huyeron a bordo de una motocicleta.
Tras el ataque, Guerra difundió un video en redes sociales. Ahí dijo que previamente había recibido amenazas y extorsiones relacionadas con la apertura de un salón de fiestas. «He sido objeto de amenazas, de extorsiones, y ayer atentaron contra mi integridad física, la mía y la de mi familia. Nos tirotearon la casa», declaró.
El Universal señaló que Guerra exigió la intervención de Sheinbaum ante la inseguridad y la violencia en Juchitán de Zaragoza. En ese mensaje, también pidió al gobernador Salomón Jara Cruz que atienda el municipio. «Queremos paz, queremos vivir tranquilos y, sobre todo, queremos estar con vida», dijo.
La Fiscalía, por su parte, aseguró tres elementos balísticos e identificó a un hombre y una mujer como presuntos responsables. También informó que la extorsión es la primera línea de investigación.
Antes de este episodio, Guerra ya había llevado el trabajo artesanal de Biulú a otros destinos. El Financiero informó que el taller fundado en 2017, después del terremoto del 19 de septiembre, vendió sus huipiles y prendas bordadas en Sudamérica, España e incluso Tailandia. Según la Secretaría de Cultura, Biulú busca revalorar el trabajo de las artesanas, porque muchas veces se les regatea o menosprecia.
Guerra también ha construido una trayectoria literaria. El Financiero lo describe como poeta, traductora, activista y artesana muxe; El Universal lo llama diseñador y poeta muxe. En ambas versiones aparece como una figura ligada al activismo y a la lengua zapoteca. Sus poemas se han publicado en revistas como Tierra Adentro y Círculo de Poesía, y ganó el Premio CaSa: Creación Literaria en Lengua Zapoteca por sus poemas en 2015.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El reconocimiento que llegó con el vestido de Sheinbaum expuso el valor del trabajo artesanal, pero también dejó a la vista la fragilidad de quienes producen riqueza cultural en territorios donde el Estado no garantiza seguridad.
Ahí está el punto de fondo. Cuando una comunidad necesita pedir ayuda después de que le disparan a su casa, el problema ya no es solo policial: es de orden, de autoridad y de protección básica a la propiedad y a la vida. El trabajo de Guerra y de Biulú representa esfuerzo, mérito y oficio; la respuesta del aparato estatal, por ahora, vuelve a poner sobre la mesa una vieja deuda con Juchitán.



