La escena lo dice todo. A una semana de que arranque la temporada electoral de las legislativas, Barack Obama llevó la regulación de la inteligencia artificial al centro de una recaudación de fondos a puerta cerrada en Manhattan con Hakeem Jeffries, líder demócrata en la Cámara de Representantes.
Según una transcripción citada por The New York Times, Obama dijo a donantes y legisladores demócratas que la IA es incluso más «peligrosa» que las armas nucleares. También afirmó: «No necesitas un montón de uranio altamente enriquecido» para construir una IA poderosa.
El mensaje llegó después de varios movimientos coordinados en torno a Anthropic, una de las compañías más visibles del sector. La semana pasada, Jacob Coxon, un investigador de 27 años que dejó la empresa, publicó en Wall Street Journal una exclusiva sobre su renuncia y después difundió un hilo viral en X en el que advirtió que la IA podría «matarnos a todos» antes de que termine la década.
Su jefe, Dario Amodei, fundador y director ejecutivo de Anthropic, amplificó ese mensaje con un ensayo de 3.800 palabras publicado el sábado y una entrevista en CBS el domingo, en la que pidió una combinación de gobiernos para ejercer algún tipo de «gobierno conjunto» sobre la tecnología. En paralelo, Bernie Sanders presentó este mes la iniciativa «Ban Artificial Superintelligence Act» y dijo: «No tenemos meses. No tenemos años. Tenemos que actuar ahora».
En la misma pieza, la empresa quedó asociada a otro debate que domina la campaña: el de los centros de datos de IA. El texto afirma que se ha convertido, casi de la nada, en un asunto que hoy aparece como relevante para los votantes, ayudado —según la versión citada— por una campaña de influencia en redes sociales de origen chino descubierta por X para agitar la hostilidad contra esos centros.
Scott Bessent, secretario del Tesoro, dijo ante el G20 este mes que Estados Unidos tendría 80% de la capacidad informática mundial en 2028. David Sacks, presidente del Consejo de Asesores sobre Ciencia y Tecnología del presidente, sugirió que la última ola de alarma de Anthropic es una «operación psicológica» de temporada electoral.
También aparece Nvidia. Su director ejecutivo, Jensen Huang, desestimó el alarmismo sobre la IA como «completa tontería» y dijo en una conferencia de Goldman Sachs que el nuevo sobresalto de Anthropic es solo una maniobra para impulsar negocios de productos de ciberseguridad.
El trasfondo político es claro: la discusión sobre IA, centros de datos, seguridad y poder regulatorio ya entró de lleno en la campaña. El momento favorece a quienes quieren convertir una tecnología aún en desarrollo en un caso de intervención estatal amplia; también beneficia a quienes buscan fijar la agenda antes de las urnas.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Cuando un sector tan estratégico queda atrapado entre campañas, fundraisers cerrados y llamados a un «gobierno conjunto», el riesgo no es solo el alarmismo. También lo es que el dinero de los contribuyentes, la libre empresa y la competencia tecnológica terminen subordinados a la burocracia política de Washington.
La gran pregunta es si la regulación de la IA será un intento serio de ordenar una tecnología poderosa o una nueva excusa para expandir el control estatal en un año electoral. Los protagonistas ya eligieron su terreno. Ahora falta saber quién paga la cuenta y quién conserva la libertad de innovar.


