AHORA
Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•Zacharia cae a los cinco días y expone el costo político de la improvisación en la Casa Blanca•Trump frena la transmisión pública de la ejecución de Hasan tras el rechazo por convertirla en espectáculo•Pope Leo pasa la primera prueba tras la cirugía de pulmón y el Vaticano habla de recuperación normal•La mansión de Durazo se convierte en universidad: Tlalpan gana una sede y el gobierno presume recuperación de espacio•Museo Nacional: 30 obras retiradas y una batalla cultural que avanza sobre la memoria•Sonora frena sus exportaciones de ganado por una sospecha de aftosa•El Vaticano descarta complicaciones en la cirugía del papa León XIV, con un pronóstico aún por definir•Caen dos presuntos extorsionadores tras el ataque a la casa de Elvis Guerra•Tecnología, individualismo y política: la alarma de Ades sobre una sociedad más replegada•Anthropic pide reglas comunes para la IA mientras acelera ingresos y salida a bolsa•
Hemisferio
PolíticaAméricasMundoNegociosTecnologíaCulturaIdeas
Hemisferio
Secciones
El medio
Mundo

España, entre el desierto y la apuesta por las renovables

Emilio Santiago y Héctor Tejero sostienen que casi el 75% del territorio corre riesgo de desertificación y que las renovables pueden ser una palanca económica. El debate, dicen, ya no es si hacer la transición, sino cómo evitar que se convierta en una traba para vecinos, campo y empresas.
Imagen generada con IA
domingo 20 de septiembre de 2026

España es presentada en esta conversación como el epicentro de la crisis climática en Europa. Emilio Santiago y Héctor Tejero, autores de España contra el desierto, afirman que el país vive olas de calor más intensas y persistentes, grandes incendios forestales, lluvias torrenciales y largos periodos de sequía. Su diagnóstico va más lejos: casi el 75% del territorio corre riesgo de convertirse en un desierto.

A partir de ese punto, los dos definen la transición energética como una oportunidad histórica. Sostienen que España tiene condiciones geográficas perfectas, por su radiación solar y su potencial eólico, para producir «la energía limpia y barata que necesita una Europa descarbonizada». En su visión, impulsar más rápido las renovables permitiría dejar de ser «la huerta de Europa» y pasar a ser «la batería o la fábrica de Europa».

Santiago vincula esa apuesta con el gran problema estructural del país: el déficit hídrico. Dice que las renovables ayudarían a enfrentar ese desequilibrio y que, además, mejorarían la competitividad económica al permitir prescindir de grandes importaciones de combustibles fósiles que España no posee. Tejero añade que el campo también podría beneficiarse, porque habría mayor diversificación y menor dependencia del regadío, un sistema que describe como insostenible tal y como está por el cambio climático.

Los protagonistas del libro no plantean una sustitución simple de la agricultura. Tejero aclara que no proponen que desaparezca, sino que se transforme. En paralelo, Santiago afirma que el territorio español es suficientemente extenso para que la instalación de renovables conviva con otros usos extensivos. Según sus cálculos, las fotovoltaicas necesarias no llegarían a ser ni el 1% o 2% de la superficie agraria útil, mientras que alrededor de un 10% de esa superficie está abandonada.

Pero el despliegue no está exento de conflicto. Santiago y Tejero reconocen que algunos proyectos se topan con oposición ciudadana porque, en ciertos casos, «no se está haciendo bien» al implantar las renovables. Para corregirlo, plantean las tres C: comunicación con vecinos y ayuntamientos, cooperación para que la gente de los municipios participe en el diseño y dé su opinión, y compensación.

Tejero sostiene que el apoyo social es alto: dice que las encuestas muestran niveles de respaldo a las renovables en general muy elevados y que, en su provincia o municipio, están al 60-70%. Aun así, admite que hay núcleos conflictivos que concentran la atención y también empresas que buscan ocupar un porcentaje muy elevado del territorio municipal con estas infraestructuras. A su juicio, eso tampoco debe ocurrir.

Santiago empuja el debate hacia reformas de mayor calado. Habla de un fondo soberano vinculado a «nuestra riqueza solar» y de una segmentación del mercado eléctrico para que la electricidad sea más barata en los territorios que soportan más carga de estas infraestructuras. Reconoce, sin embargo, que sería un debate muy polémico de aplicar. Su conclusión es rotunda: «Como país no podemos renunciar a las renovables porque nos ha tocado la lotería y es la gran oportunidad del siglo XXI para reinventar nuestro modelo productivo, nuestro modelo de bienestar».

La escena lo dice todo. En un país donde el debate sobre la energía suele quedar atrapado entre costes, permisos, oposición local y promesas de modernización, la discusión real es quién paga la transición y quién se queda con sus beneficios. Santiago y Tejero colocan el foco sobre el Estado, la planificación y el diseño institucional: si el aparato público hace bien su trabajo, dicen, la transición puede convivir con el territorio; si no, el conflicto se agravará.

Para entender el presente hay que volver a esa semana en la que la transición dejó de ser un asunto abstracto y pasó a tocar el bolsillo, el agua y el uso del suelo. Ahí está el desenlace de fondo: no solo si España genera más energía limpia, sino si lo hace sin convertir la regulación en una carga arbitraria para vecinos, agricultores y empresas. En esa tensión entre oportunidad y imposición se juega buena parte del futuro económico del país.

Más de Mundo