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Trump sopesa una cumbre sobre IA con Xi en Washington y abre la puerta a la industria

La Administración de Donald Trump considera una reunión de alto nivel sobre inteligencia artificial durante la visita de Xi Jinping a EE.UU., en una señal de que la Casa Blanca quiere mover ficha en una tecnología estratégica. En la trastienda, el debate combina seguridad, dominio tecnológico y la presión de las grandes empresas del sector.
jueves 17 de septiembre de 2026

La Administración de Donald Trump está sopesando celebrar una reunión de alto nivel sobre inteligencia artificial durante el viaje del presidente chino Xi Jinping a Washington, programado para este 24 de septiembre. La cita, si llega a concretarse, coincidiría con la presencia de ejecutivos de importantes empresas de tecnología e IA en torno a la visita de Estado.

El planteamiento no nace de cero. La iniciativa se apoyaría en las conversaciones que Trump y Xi mantuvieron en su cumbre de mayo de 2026 en Beijing, donde hablaron sobre el establecimiento de salvaguardias para la IA y sobre las exportaciones de chips de Nvidia a China. De esa reunión no surgió ningún marco formal para esta tecnología.

Ahora, funcionarios del gobierno estadounidense discuten en privado la logística de un posible encuentro con ejecutivos para hablar del futuro de la IA y de los riesgos que conlleva. Sin embargo, todavía no se ha concretado ni programado nada.

Tampoco está claro de inmediato si Trump participaría si la reunión llega a realizarse. Por el momento, tampoco se prevé la participación de Xi. Esa ambigüedad deja abierto el formato exacto de una cita que, por ahora, sigue en la fase de planificación.

Entre los invitados a la cena de Estado ofrecida por Trump en honor a Xi se cuentan Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, y Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, quienes podrían asistir a la reunión en planificación. Chris Lehane, director de Asuntos Globales de OpenAI, confirmó la asistencia de Altman a la cena en una entrevista concedida a CBS la mañana de este miércoles.

Una de las propuestas que se están considerando implica la colaboración entre laboratorios de IA estadounidenses y chinos para compartir información con el objetivo de prevenir las ciberamenazas relacionadas con la IA. Pero el progreso en ese frente ha sido lento, y las dudas sobre la credibilidad de ambas partes dificultan incluso la negociación de acuerdos preliminares para el intercambio de información, según destacó Crypto Briefing.

A principios de septiembre de 2026, un funcionario de Washington confirmó que no se había programado formalmente ninguna cita específica sobre IA para mediados de septiembre, aunque las negociaciones continuaban entre bambalinas. La escena lo dice todo: la tecnología más poderosa del momento avanza más rápido que los marcos políticos que buscan contenerla.

El contexto también está cargado de tensión política. Líderes de la IA, entre ellos Altman, Dario Amodei de Anthropic y Elon Musk de SpaceXAI, expresaron públicamente su preocupación por los peligros que plantea esta tecnología si continúa sin control. Trump reaccionó con dureza y afirmó este lunes en redes sociales que «la IA que se apodera del mundo, destruye a la humanidad y hace todo lo demás malo, es un ENGAÑO».

En la misma serie de mensajes, el líder republicano sostuvo que los llamados a establecer más medidas de seguridad son parte de una «CONSPIRACIÓN ENFERMIZA». En la práctica, el mensaje marca distancia con la ola de advertencias que piden más controles sobre una industria que hoy se mueve entre la ambición comercial, la competencia geopolítica y el riesgo de desborde.

Para entender el presente hay que volver a esa semana: la discusión sobre IA ya no es solo una conversación técnica, sino una pulseada por quién define las reglas. Si la reunión se concreta, será una prueba de fuerza entre Estados Unidos y China, con los laboratorios y las grandes empresas tecnológicas en el centro de la mesa.

El giro de la Administración de Trump apunta a una verdad incómoda para cualquier gobierno: quien fija los estándares de la IA puede inclinar la balanza del poder económico y militar. Por eso el debate importa más allá de la diplomacia ceremonial. Aquí está en juego la soberanía tecnológica, la seguridad nacional y la capacidad de Estados Unidos para no ceder terreno en una industria que puede definir la próxima década.

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