Airbnb cumplirá 20 años el próximo año. La compañía nació con unos pocos colchones de aire sobre el piso de un departamento y terminó convertida en una de las tecnológicas más conocidas de Estados Unidos, siempre con Brian Chesky al frente.
A los 45 años, Chesky se presenta como una excepción dentro de Silicon Valley, un entorno que, según TIME, no suele premiar la introspección. En una entrevista en la sede de Airbnb en San Francisco, habló de liderazgo, de contratación, de trabajo remoto y de la forma en que ha cambiado su propia lectura sobre la empresa que cofundó en 2007 junto con dos personas más.
Chesky dijo que uno de sus principales errores como fundador fue que «la gente tuvo que pagar por mi inmadurez en mis treinta». También sostuvo que, al dirigir una empresa, los fundadores tienden a ser más detallistas, más decisivos y más dispuestos a asumir riesgos grandes porque sienten autoridad moral para hacerlo.
En esa conversación también defendió una postura poco común sobre la gestión. Dijo que los líderes no necesitan reuniones individuales regulares con sus subordinados directos y que ese sistema es «probablemente inferior». Sobre la política de trabajo remoto, añadió que si una regla de oficina es fácil de explicar, «podría ser incorrecta» porque tal vez aplica un modelo uniforme a todos.
El giro más visible de la entrevista llegó cuando habló de hoteles. Chesky recordó que en los inicios de la empresa era «ideológicamente» contrario a ofrecerlos y que el lema inicial fue «olviden los hoteles». Pero dijo que en 2018 y 2019 la terquedad perdió terreno frente a lo que pedían los clientes. Según explicó, algunos usuarios reservan solo Airbnb, otros solo hoteles, pero la mayoría acepta ambas opciones. Por eso la empresa terminó incorporándolos.
La trastienda de esa evolución importa porque Chesky también está separando parte de su ambición tecnológica de la propia Airbnb. Dijo que está creando un laboratorio de inteligencia artificial de frontera por fuera de la empresa, y explicó que no quería mezclarlo con Airbnb porque no prometió a los accionistas que la firma se convertiría en una compañía de gasto intensivo de capital ni que destinaría enormes sumas a contratar ingenieros e investigadores de IA. Según dijo, el beneficio para Airbnb y para él mismo será aprender sobre inteligencia artificial, aunque en una cultura completamente distinta.
Pero la parte más sensible de la entrevista fue la vivienda. La empresa ha sido criticada por contribuir al aumento de los costos habitacionales en las ciudades donde opera. Chesky respondió que Airbnb ha sido un nombre al que se ha apuntado durante los últimos 15 años, especialmente durante la última década, como parte de la explicación de por qué las ciudades se vuelven más caras. Y dijo que la firma quiere ser «parte de la solución, no parte del problema».
Para eso, anunció varias iniciativas nuevas. La primera es un fondo de 250 millones de dólares para financiar la última parte de proyectos de vivienda. Chesky dijo que hay cerca de 750,000 viviendas en desarrollo en Estados Unidos detenidas porque les falta el último dinero para completarse.
La empresa también lanzará un índice urbano con datos abiertos sobre ciudades, políticas, costo de vida y permisos, con el objetivo de mostrar qué lugares logran bajar el costo de la vivienda mediante mejores políticas. Además, anunció un premio anual de un millón de dólares durante cinco años para cualquier empresa, privada o sin fines de lucro, que aporte ideas tecnológicas para facilitar el desarrollo de vivienda.
La escena lo dice todo. Airbnb nació como símbolo de flexibilidad y aprovechamiento del inventario existente; hoy intenta demostrar que puede ayudar a destrabar oferta, no solo a capitalizarla. Ese cambio importa porque el costo de la vivienda no se resuelve con discursos, sino con más construcción, menos cuellos de botella y reglas que permitan terminar proyectos.
Para el lector, el principio en juego es claro: cuando una empresa termina señalada por encarecer ciudades, la respuesta más útil no es la culpa abstracta, sino empujar soluciones que liberen inversión y simplifiquen permisos. Si las nuevas iniciativas de Airbnb prosperan, el beneficio será para quienes necesitan casas terminadas, no para la burocracia que mantiene los proyectos a medias.


