La Administración Trump notificó al Congreso que planea mover 52 millones de dólares de financiamiento militar extranjero desde Iraq, Macedonia del Norte, Eslovaquia y Túnez hacia Colombia, Ecuador, Panamá y Perú. Según un funcionario del Departamento de Estado, el dinero se usará para «combatir el narcoterrorismo en nuestro propio vecindario y ayudar a seguir asegurando el Canal de Panamá».
El traslado de fondos es parte de un reajuste más amplio de la política exterior de Washington. Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca el año pasado, su gobierno ha reforzado la presencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental con el argumento de frenar el tráfico de drogas desde Centro y Sudamérica y contener la influencia de otros países, como China, en la región. Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha buscado un enfoque más distante frente a los conflictos armados en Medio Oriente y Europa, con la idea de que esas zonas se vuelvan más autosuficientes en materia militar.
El cambio no llega aislado. En su segundo mandato, Trump ha aumentado el financiamiento militar a países de América Latina y también la presencia militar propia de Estados Unidos en la región. Además, el gobierno ha realizado varias operaciones militares desde su regreso al poder, incluidas una serie de ataques letales contra lo que funcionarios federales describieron como embarcaciones que transportaban narcóticos hacia Estados Unidos desde el Caribe. Esas acciones provocaron rechazo de legisladores de ambos partidos en Washington.
La Administración también se ha asociado con Ecuador para una operación militar conjunta dirigida contra «narco-terroristas» en ese país sudamericano y ha anunciado planes para campañas similares en otras naciones de la región. En enero, Estados Unidos lanzó una operación militar en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro, entonces líder del país, quien ya había sido acusado en Estados Unidos por cargos de narcotráfico y corrupción. Después de esa operación, Trump prometió que «la dominación estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionada».
La nueva reasignación de ayuda militar encaja con lo que Trump ha llamado su «Corolario Trump» a la Doctrina Monroe, o «Doctrina Donroe». La Casa Blanca detalló en una estrategia de seguridad nacional en noviembre que ese corolario implica que Estados Unidos debe ser «preeminente en el hemisferio occidental … una condición que nos permite afirmarnos con confianza donde y cuando necesitemos en la región».
Pero la jugada también tiene costos. Jim Townsend, exsubsecretario adjunto de Defensa para Política Europea y de la OTAN durante ocho años en la administración Obama, advierte que retirar apoyo a Europa y Oriente Medio erosiona la confianza en Estados Unidos. «Estás erosionando silenciosamente, poco a poco, esta confianza en Estados Unidos», dijo a TIME. «Y luego, cuando necesitamos que hagan algo … bueno, terminas recurriendo a un país más débil porque has ido retirando su asistencia y todas estas herramientas que tenemos para convertirlo en un aliado más fuerte».
Rebecca Bill Chavez, exsubsecretaria adjunta de Defensa para Asuntos del Hemisferio Occidental en la administración Obama, planteó un riesgo adicional: que la relación de Washington pase de ser con países a ser solo con gobiernos afines. «Tenemos que mostrar a la región que somos un socio confiable. Y una de las mejores maneras de hacerlo es ser consistentes», dijo.
La escena lo dice todo. Mientras Washington refuerza su apuesta por gobiernos conservadores en América Latina, recorta o reubica recursos que antes sostenían alianzas en Europa y Oriente Medio. Para los defensores de una política exterior concentrada en el hemisferio y en la seguridad, el movimiento busca proteger intereses inmediatos: el Canal de Panamá, la lucha contra el narcotráfico y la presencia estratégica de Estados Unidos cerca de casa.
Pero el costo puede ser mayor a largo plazo. Si la ayuda y la cooperación se convierten en una herramienta reservada solo para gobiernos amigos, la confianza se desgasta. Y en política exterior, la confianza también es un activo: cuesta dinero, tiempo y previsibilidad, los mismos elementos que el aparato estatal está usando aquí para reordenar prioridades. Los detalles cuentan la historia.



