Estados Unidos estuvo a punto de abordar un buque chino en Oriente Medio a principios de este año, después de que un informe de inteligencia elaborado con ayuda de inteligencia artificial lo señalara erróneamente como cargado con componentes relacionados con armas nucleares. La información fue divulgada por CNN y retomada por EFE, AFP y El Comercio.
Según CNN, la operación se preparó en el contexto de la guerra con Irán. Cuatro fuentes con conocimiento del caso dijeron al medio estadounidense que el aparato militar ya se había movido para interceptar la embarcación. Dos de ellas indicaron que militares armados se alistaron para abordar el buque mientras varias aeronaves estadounidenses sobrevolaban la zona.
La operación se suspendió poco antes de ejecutarse, cuando funcionarios estadounidenses revisaron con más detenimiento la información y descubrieron que un chatbot usado por un analista había identificado de forma incorrecta el material transportado. El informe había combinado información de fuentes abiertas con inteligencia clasificada almacenada por el Gobierno estadounidense, según CNN.
La cadena no pudo determinar cuál era la carga real del buque ni si la herramienta era un producto comercial o un sistema desarrollado por el Gobierno de Estados Unidos. También informó que una de las fuentes calificó el informe de «completamente falso» y dijo que una eventual intervención contra una embarcación china podría haber provocado una escalada entre Washington y Beijing. El Universal agregó que esa misma fuente afirmó que el caso «estuvo a punto de desencadenar una guerra».
La escena lo dice todo. Un sistema diseñado para ayudar a filtrar información terminó empujando a un país a preparar una acción militar sobre la base de un error. Cuando el dato equivocado viaja tan rápido como la orden, el margen para corregir se vuelve peligrosamente pequeño.
El episodio ocurre en un momento en que crece el uso de herramientas de IA por parte del Ejército y los servicios de inteligencia estadounidenses, al mismo tiempo que aumentan las críticas sobre sus riesgos. El fin de semana pasado, el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, publicó un ensayo en el que pidió frenar el ritmo de desarrollo de la industria por los crecientes riesgos de seguridad de la IA, según EFE. También Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, y Elon Musk han hecho declaraciones en la misma línea.
Donald Trump, en cambio, se opone a regular el sector porque considera que eso retrasaría a Estados Unidos en la competencia con China por el liderazgo tecnológico, de acuerdo con las fuentes citadas. En términos de política pública, el dilema es claro: o se permite que la burocracia y sus herramientas actúen con menos controles en nombre de la velocidad, o se impone prudencia antes de que un error de software se convierta en un problema de Estado.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El caso no solo expone una falla técnica; también recuerda que las decisiones de seguridad nacional no pueden descansar en una caja negra. Cuando el aparato estatal se apoya en sistemas que nadie termina de entender del todo, el costo lo pagan la estabilidad, la credibilidad y, en el peor escenario, la paz.



