Un informe pericial de informática forense reunió conversaciones que durante casi cuatro años intercambiaron Gustavo Petro y Eva Ferrer por la aplicación LINE, entre octubre de 2022 y agosto de 2026.
Los mensajes, conocidos por Semana y recogidos también por El Colombiano, muestran a Ferrer como una interlocutora que alertó al entonces presidente sobre reuniones, contratos y posibles hechos de corrupción alrededor de personas del círculo cercano de la entonces pareja presidencial.
La escena lo dice todo. En varios intercambios, Ferrer mencionó a Mario Fernández Alcocer, primo de Verónica Alcocer, y a Agmeth Escaf, entonces representante a la Cámara y hoy senador del Pacto Histórico. Según el relato que ella misma escribió, había escuchado que medios preparaban una investigación sobre una «trama de corrupción y de puesta de cargos» atribuida a los primos de Verónica y a Escaf.
El primer señalamiento directo aparece fechado el 31 de mayo de 2023. Ferrer le dijo a Petro que había recibido información sobre una posible publicación periodística vinculada con presuntos hechos de corrupción. También escribió que intentó comunicarse con «Lau», una posible referencia a Laura Sarabia, entonces jefa de despacho.
Después, el 14 de junio de 2023, la exconsejera volvió a escribirle al presidente para explicarle la situación que atravesaba con Carlos Ramón González, quien entonces estaba al frente del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República. Allí dejó otra frase que retrata el deterioro interno: «con Vero no hay comunicación fluida desde hace meses».
En ese mismo intercambio, Ferrer volvió a mencionar a Mario Fernández Alcocer y afirmó: «Mario está ahí jodiendo y yo intentando protegernos». También dijo que Verónica Alcocer «no entiende la institucionalidad» y que sentía que estaba siendo objeto de «mobbing» para sacarla de su entorno.
Los mensajes también dejan ver una ruptura más profunda entre Ferrer y Alcocer. Ferrer sostuvo que la relación se había deteriorado porque ella no daba «juego a Agmeth y Mario». En otro mensaje escribió: «¡Esos dos son corruptos por todos lados! Y se están aprovechando de ella».
Petro respondió con una frase que concentró el tono de la conversación: «Con cuidado. Creo que es gente corrupta». Ferrer contestó: «Yo sé que es corrupta».
La propia Ferrer añadió que Mario quería meterla en «reuniones, contratos, etc.», y puso como ejemplo «la compañía de gas de Barranquilla». En otro punto, pidió un «despacho digno» porque, según dijo, estaba «castigada» en un espacio cerrado del Dapre.
También aparecen frases duras sobre la ex primera dama. Ferrer dijo: «Yo a Vero la quiero, pero ya no me gusta. Se ha vuelto una tirana; nadie puede hablar con ella, solo grita y nadie la contradice». Petro, por su parte, resumió el cambio que veía en su entonces esposa con una sentencia breve: «El poder envenena».
De acuerdo con El Colombiano, los señalamientos contenidos en esos mensajes corresponden a afirmaciones de Ferrer. El informe pericial acredita el intercambio, pero no establece por sí mismo que las conductas mencionadas hayan ocurrido ni determina responsabilidades penales.
Esa precisión importa. En un país donde el Estado administra contratos, accesos y nombramientos, cada mensaje sobre el círculo presidencial abre una pregunta que va más allá del chisme político: quién entra, quién decide y quién termina beneficiado cuando la trastienda del poder se confunde con la administración pública.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Los chats no solo exhiben tensiones personales; también muestran el costo institucional de un entorno en el que las relaciones privadas parecen rozar asuntos de gobierno. Cuando aparecen contratos, reuniones y nombres con acceso al despacho, el problema ya no es solo de carácter o de lealtades: es de control, límites y rendición de cuentas.
La discusión de fondo es simple y exigente. Si un gobierno quiere conservar credibilidad, debe demostrar que el poder no se usa como patrimonio de círculo. La confianza pública no se sostiene con frases contundentes, sino con reglas claras, separación entre amistad y función, y distancia real frente a cualquier sombra sobre el uso del aparato estatal.


