Luisito Comunica denunció públicamente, mediante sus historias de Instagram, la existencia de anuncios publicitarios distribuidos en redes sociales en los que se usa su rostro y su voz generados mediante inteligencia artificial.
De acuerdo con el video difundido por el influencer, el material promocional presenta supuestos logros del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y cita cifras como los 42 millones 860 mil 296 derechohabientes de los programas del bienestar. El creador aclaró que esos metrajes son falsos y que en ningún momento autorizó el uso de su identidad.
En el mismo material aparece también la cantante e influencer Kenia Os, quien, de acuerdo con la grabación, habría sido afectada por la misma práctica. Los spots manipulados digitalmente se difundían bajo el perfil de origen denominado «Conversación Pública».
Durante su pronunciamiento, el influencer señaló una contradicción entre el discurso oficial sobre tecnología y el uso que, según él, se hizo de esas herramientas. «Por un lado vemos a los políticos hablando de que están trabajando en la ciberseguridad y haciendo leyes que nos protegen contra los usos indebidos de la IA, y al mismo tiempo es el mismo gobierno el que está haciendo videos falsos usando caras de ciudadanos mexicanos», expresó en el metraje.
También anticipó que su postura podría detonar reacciones adversas en plataformas digitales y campañas de desprestigio en su contra. Aun así, dijo que coincide con ciertos puntos de la administración federal, pero remarcó la gravedad de que se vulneren los derechos de imagen de figuras públicas para elaborar propaganda política.
Las grabaciones difundidas desde la pantalla del dispositivo móvil del creador muestran que la cuenta emisora «Conversación Pública» publicaba contenidos sobre programas gubernamentales de la 4T. Sin embargo, al buscar el perfil en Facebook, la página ya no se encontraba accesible.
En redes sociales como X, el hecho generó posturas divididas. Mientras algunos usuarios cuestionaron la veracidad de que el material fuera gestionado de manera directa por dependencias gubernamentales, otros criticaron el uso no ético de herramientas de inteligencia artificial para generar conversación social en internet.
La escena lo dice todo: un creador de contenido acusando que su propia imagen fue usada para venderle a millones una versión edulcorada del poder. Si el caso se confirma en los términos descritos por el influencer, el daño no es solo para él o para Kenia Os; es para la confianza pública y para la credibilidad de cualquier mensaje que llegue envuelto en tecnología.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en que la inteligencia artificial dejó de ser un debate abstracto y entró a la propaganda política. Lo que está en juego es simple y profundo a la vez: quién controla la imagen, quién responde por los abusos y qué tan lejos puede llegar la burocracia cuando usa herramientas nuevas para moldear la conversación pública.



