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La IA divide a Trump, la ONU y Wall Street en una batalla por el freno regulatorio

El presidente de Estados Unidos desestimó las alarmas como «patraña», mientras Naciones Unidas pidió «acción urgente» y los propios líderes del sector reclamaron desacelerar. En el centro del choque quedan la innovación, la competencia con China y la presión para imponer límites.
jueves 17 de septiembre de 2026

Donald Trump decidió ir a contramano del clima de alarma que rodea a la inteligencia artificial. Este lunes, en Truth Social, llamó «patraña» al temor de que la IA tome el control del mundo y «destruya a la humanidad», y denunció una «conspiración enfermiza en marcha contra la IA y los centros de datos».

El presidente de Estados Unidos no se quedó en la burla. También apuntó contra Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, a quien acusó de «fingir ser un angelito perfecto». Y se presentó como la verdadera valla de contención: «El único control o valla de contención que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE», afirmó.

El giro del debate quedó todavía más expuesto porque el propio sector tecnológico pidió pisar el freno. El sábado, Amodei defendió una «desaceleración coordinada» para entender mejor los riesgos de las capacidades más avanzadas, y recibió el respaldo de Sam Altman, de OpenAI; Elon Musk, de xAI; Demis Hassabis, de Google DeepMind, y Satya Nadella, de Microsoft.

La escena lo dice todo. En cuestión de días, el debate pasó de los laboratorios a la Casa Blanca, de allí a Naciones Unidas y luego a los mercados. Según el texto difundido por el medio, el choque sacudió esta semana a Wall Street y dejó a Anthropic en el centro de la polémica.

Trump sostuvo que Estados Unidos lidera la carrera frente a China y que debe conservar esa ventaja. También criticó que Google evalúe grandes inversiones en Finlandia por su menor regulación: «quiero que cambien de idea», dijo. En paralelo, advirtió que los llamados a frenar la IA llegan en un momento sensible de cara a las elecciones legislativas de noviembre.

Los mercados registraron el golpe. Las acciones tecnológicas cayeron tras los llamados de los propios líderes del sector a moderar el ritmo, y el índice Nasdaq cerró con una baja del 0,56%.

La preocupación, sin embargo, no quedó limitada a la pelea entre empresas y gobierno. Naciones Unidas convocó al Consejo de Seguridad a una reunión sobre la IA la próxima semana, aún sin fecha exacta, durante la Asamblea General y con Francia en la presidencia rotatoria, según una fuente diplomática francesa. El encuentro abordará la seguridad de la tecnología y su «amenaza existencial» para la seguridad global, además de los riesgos para la niñez.

Ese mismo día, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, pidió «acción urgente». «Estamos al borde de un cambio irreversible», advirtió en un comunicado, y sostuvo que «todos los derechos humanos están amenazados por esta tecnología, incluido el derecho a la vida». También lamentó que hoy se dependa «casi por completo de un reducido número de empresas poderosas» para tomar las decisiones correctas.

La alarma llegó también desde China. El jefe de la inteligencia china advirtió el domingo que la IA podría amenazar la seguridad nacional, pues potencias extranjeras podrían usarla para desestabilizar el país, y reclamó que las empresas líderes, ubicadas principalmente en China y en Estados Unidos, actúen de inmediato para reducir los riesgos.

A las voces de alarma se sumaron el rey Carlos III, que recibirá a las principales empresas de IA en Escocia, y el director del grupo francés Thales, que reclamó regulación estatal. La fuente francesa anticipó además que la Asamblea General estará marcada por Gaza, Líbano y Ucrania, y que París defenderá el multilateralismo en momentos de fuerte presión sobre las instituciones internacionales.

En Estados Unidos, el debate ya tiene un costado político claro. Hasta ahora, Trump y buena parte de los republicanos se han resistido a regular la tecnología. Pero hay señales de una reacción creciente: los votantes ya se mostraban escépticos frente a los centros de datos, grandes consumidores de energía, y los demócratas piden que el Congreso fije barreras de protección. El presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Johnson, se ha resistido por temor a frenar la innovación y ceder ventaja a China.

En la trastienda, la discusión real no es solo sobre una tecnología nueva. Es sobre quién manda, quién asume el costo del freno y quién se queda con la ventaja. Para Trump, la prioridad es sostener el liderazgo estadounidense frente a China y evitar que la burocracia regule demasiado pronto. Para Naciones Unidas y varios ejecutivos del sector, el riesgo de avanzar sin contención es demasiado alto.

El desenlace todavía no está escrito. Pero la batalla ya dejó una señal nítida: la IA dejó de ser una promesa abstracta y pasó a ser una disputa concreta por poder, inversión, soberanía tecnológica y control regulatorio. Y cuando esa discusión llega a la política, el costo final suele terminar en manos del contribuyente, de los mercados o de ambos.

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