Wall Street abrió este lunes en rojo, arrastrado principalmente por las pérdidas en el sector tecnológico, después de una oleada de voces que pidieron frenar el ritmo de desarrollo de la inteligencia artificial por temor a perder el control de los sistemas.
A la apertura del parqué neoyorquino, el Dow Jones de Industriales perdía 0,21%, hasta 52.462 puntos. El S&P 500 restaba 0,74%, hasta 7.600 enteros, y el Nasdaq cedía 1,23%, hasta 26.008 unidades.
La escena lo dice todo. Los inversores siguieron con preocupación las advertencias de varias figuras del sector, entre ellas Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic; Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI; y Elon Musk, que reclamaron poner freno al desarrollo de los sistemas de IA.
La semana pasada, Jacob Coxon, investigador de Anthropic que también trabajó para OpenAI, anunció su dimisión al considerar que la compañía no estaba actuando de manera responsable ni pendiente de la seguridad. Ese antecedente añadió ruido a un mercado que ya venía mirando con nerviosismo cualquier señal sobre el avance de esta tecnología.
Este sábado, Amodei pidió una desaceleración en el ritmo al que se mejoran las capacidades de los modelos de IA y advirtió que la industria avanza hacia una dinámica de «automejora recursiva» que amenaza con provocar catástrofes de ciberseguridad a escala global. Altman respaldó esa petición y avanzó que permitirá que evaluadores independientes auditen los sistemas de OpenAI.
Donald Trump minimizó la alerta y pidió no ceder ante China, con quien Estados Unidos compite por el liderazgo de la IA. Aun así, los títulos de las principales compañías del sector arrancaron a la baja.
Nvidia, empresa estrella de la IA, perdía 4,18%. Marvell Technology restaba 8,98%, Intel 7,18% y AMD 6,17%.
En otros mercados, el oro se devaluaba 2,16%, hasta 4.313 dólares la onza, y la plata 2,68%, hasta 63,44 dólares la onza. El petróleo intermedio de Texas (WTI) subía hasta los 104 dólares la onza, y el rendimiento del bono del Tesoro a 10 años avanzaba 1,8 puntos básicos hasta el 4,992%.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: el mercado ya no solo compra promesas de crecimiento, también descuenta el costo de una carrera tecnológica sin control claro. Cuando los propios protagonistas del sector piden frenar y abrir auditorías, la señal para el capital es inequívoca: la innovación sin disciplina puede convertirse en un riesgo financiero, no en una ventaja.
Y ahí aparece el giro que importa. La presión sobre la IA no solo afecta a unas cuantas acciones; también recuerda que la confianza en la tecnología depende de reglas, supervisión y responsabilidad. Sin ese marco, el dinero de los inversionistas queda expuesto a la trastienda de un negocio donde la velocidad puede terminar pesando más que la prudencia.



