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Leapmotor entra a México sin subsidios: la apuesta de Stellantis por ganar el mercado eléctrico a pulso privado

El primer modelo de la marca china respaldada por el gigante Jeep-Fiat-Peugeot llega con precio, autonomía y una red de refacciones armada con capital propio, no con dinero público.
Foto: eluniversal.com.mx
viernes 28 de agosto de 2026

El SUV llegó a las salas de exhibición mexicanas sin bombos oficiales ni anuncios desde Palacio Nacional. Llegó, simplemente, con una etiqueta de precio: 575,000 pesos. Los detalles cuentan la historia mejor que cualquier comunicado.

Leapmotor B10 es el primer producto de la marca china en el país, y aterriza con una diferencia que la distingue de la ola reciente de fabricantes asiáticos que han desembarcado en México: su expansión internacional está respaldada por Stellantis, el grupo detrás de Jeep, Dodge, RAM, Fiat y Peugeot.

El vehículo se ofrece en una sola versión y utiliza un sistema que la marca llama «Ultra Híbrido», aunque en la práctica funciona como un eléctrico de rango extendido. Un motor de gasolina de cuatro cilindros y 1.5 litros no mueve las ruedas: su único trabajo es generar electricidad. Quien empuja al auto es un motor eléctrico en el eje trasero, con 215 hp y 177 lb-pie, que envía toda su fuerza a las ruedas traseras.

La batería tiene una capacidad de 18.8 kWh y permite recorrer hasta 98 kilómetros solo con electricidad. Combinando ambos sistemas, la autonomía anunciada llega hasta 990 kilómetros, una cifra pensada para el comprador que quiere moverse sin depender por completo de un cargador.

El interior sigue la tendencia minimalista de casi ningún botón físico: las funciones se concentran en una pantalla de infoentretenimiento de 14.6 pulgadas. Los asientos delanteros tienen ajuste eléctrico, calefacción y ventilación, hay un sistema de 12 bocinas, cargador inalámbrico y techo panorámico con cortinilla eléctrica.

En seguridad, el B10 equipa siete bolsas de aire, cámara de 360 grados y el paquete completo de asistencias avanzadas: control crucero adaptativo, monitoreo de punto ciego, mantenimiento de carril y frenado autónomo de emergencia.

Sobre el manejo, la suspensión absorbe bien las irregularidades del camino y el balanceo de la carrocería se mantiene controlado. La dirección, en cambio, resultó el punto más discutible: se siente demasiado asistida, aunque responde con rapidez a los movimientos del volante.

El verdadero reto no está en la hoja de especificaciones, sino en algo menos técnico: la confianza. Leapmotor apenas comienza su historia en México y compite en un mercado saturado de marcas chinas nuevas, algunas sólidas y otras que todavía deben demostrar que se quedarán.

Ahí es donde entra el respaldo de Stellantis. La marca cuenta con el apoyo de Mopar, que ya opera un centro de distribución de autopartes de 45,000 metros cuadrados con más de 1,500 números de parte disponibles desde el arranque. No es una promesa a futuro: es infraestructura construida con capital privado antes de vender el primer auto.

La escena lo dice todo sobre cómo se libra hoy la competencia automotriz en México: no con decretos ni con partidas presupuestales, sino con inversión de riesgo de una corporación multinacional que apuesta su reputación y su red logística para convencer al comprador mexicano.

Para entender el presente hay que volver a ese cálculo que hace cada fabricante antes de poner un solo auto en piso de venta: cuánto cuesta construir confianza y cuánto cuesta perderla si el producto no responde. Stellantis decidió que valía la pena prestarle su nombre y su red de refacciones a una marca china desconocida en la región, precisamente para acelerar ese proceso sin esperar a que el mercado la reconociera por sí sola.

Es una lección de libre empresa en tiempo real: el consumidor mexicano gana opciones —motorización de rango extendido, autonomía combinada de casi mil kilómetros, equipamiento de gama alta a precio competitivo— no porque el Estado subsidie una tecnología o imponga cuotas, sino porque dos compañías privadas, una china y otra europea-estadounidense, decidieron competir por su bolsillo. El desenlace de esa apuesta lo escribirán las ventas, no un funcionario.

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