La sala del Campus Santiago de la Universidad San Sebastián se llenó temprano. No era un congreso de partido ni una cumbre ministerial en sentido estricto: era, según sus organizadores, la primera vez que Chile reunía en un mismo lugar a más de 200 alcaldes, concejales, directivos y funcionarios municipales de todo el país para hablar de una sola cosa: cómo gestionar el deporte desde la comuna.
El Primer Congreso Nacional del Deporte y Municipalismo lo organizó la Comisión de Deportes de la Asociación Chilena de Municipalidades (ACHM), en colaboración con la USS. En la apertura estuvieron el ministro del Deporte, Francisco Riveros; el presidente de la ACHM y alcalde de Zapallar, Gustavo Alessandri; y el prorrector de la USS, Javier Valenzuela.
La escena lo dice todo: no fue el Gobierno central el que convocó desde Santiago hacia las regiones, sino la asociación de municipios la que trajo a la capital a representantes de zonas donde, muchas veces, la política deportiva depende de un funcionario y un presupuesto comunal ajustado.
"Para que el deporte llegue a todos los territorios necesitamos municipios fortalecidos y una gestión coordinada", dijo el ministro Riveros. "Queremos que las comunas cuenten con más herramientas para promover la actividad física, impulsar el deporte y generar oportunidades para sus comunidades. Este Congreso permite compartir experiencias y avanzar en mejores políticas locales para construir un Chile más activo e inclusivo."
Alessandri, desde su rol como cabeza de la ACHM, fue más allá en el diagnóstico: "el deporte es una herramienta poderosa para transformar barrios, promover la inclusión y mejorar la calidad de vida". Y agregó que el objetivo del encuentro es que "la experiencia de los municipios se traduzca en mejores políticas, más profesionales y coordinadas, de acuerdo con las necesidades de cada territorio".
El prorrector Valenzuela, por parte de la universidad anfitriona, puso el acento en el aporte académico: "queremos poner nuestras capacidades y conocimiento al servicio de los municipios, generando iniciativas que permitan acercar sus beneficios a más personas".
Los detalles cuentan la historia del alcance que se busca. El programa contempla mesas sobre seguridad, inclusión, innovación y planificación deportiva, además de la organización de grandes eventos. Participan el Comité Olímpico de Chile, el Comité Paralímpico de Chile y Olimpiadas Especiales, junto a académicos y especialistas invitados.
Uno de los ejes de la trastienda del Congreso es la preparación de los municipios para los Juegos Mundiales de Olimpiadas Especiales Santiago 2027, un evento que exigirá coordinación entre comunas anfitrionas y autoridades locales. También se incluyó el lanzamiento de una campaña orientada a prevenir la violencia en el fútbol amateur, un fenómeno que en Chile suele resolverse —o no resolverse— a nivel de cancha barrial, lejos de cualquier ministerio.
El encuentro se extiende hasta el sábado 29 de agosto en el Campus Santiago de la USS, con una jornada final de actividades deportivas. Según sus organizadores, la meta es generar lineamientos y buenas prácticas que puedan replicarse en las 346 comunas del país.
Para entender el presente hay que volver a esa sala llena de alcaldes de zonas rurales y urbanas, grandes y pequeñas, todos con el mismo problema de fondo: cómo estirar un presupuesto comunal para que el deporte no sea un lujo sino una política pública real.
El desenlace de este primer Congreso todavía no se escribe del todo. Pero la apuesta declarada por sus impulsores es clara: que la gestión deportiva no dependa de una decisión centralizada en Santiago, sino de la capacidad de cada municipio para administrar sus propios recursos, con apoyo técnico de universidades y federaciones, pero con autonomía de decisión local.
Es un principio que vale la pena subrayar en un país donde buena parte de la discusión pública gira, por default, hacia más Estado central y más gasto ministerial. Que sean los propios municipios —los gobiernos más cercanos al ciudadano y los que mejor conocen las canchas de su barrio— quienes tomen la iniciativa para coordinar recursos y buenas prácticas, sin esperar una orden desde arriba, es exactamente el tipo de descentralización que produce resultados medibles: menos burocracia intermedia, más rendición de cuentas local y, con suerte, más niños jugando fútbol en su propia comuna en 2027.



