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Johnson en Colombia: la amistad con Duque que termina en una sala cerrada

El exprimer ministro británico recorre el país en plan de vacaciones familiares junto al expresidente colombiano y su esposa, y este domingo hablará ante un grupo reducido en la Fundación I+D que dirige Duque.
Imagen ilustrativa
lunes 31 de agosto de 2026

La escena lo dice todo: un exprimer ministro británico recorriendo Colombia no como jefe de Estado ni como invitado de gobierno, sino como amigo de la familia. Boris Johnson lleva varios días en el país, de vacaciones, y el itinerario no lo trazó ninguna cancillería sino una relación personal que se remonta años atrás: la que sostiene con el expresidente Iván Duque.

Según reportó semana.com, Johnson ha descubierto Colombia de la mano de Duque, de su esposa María Juliana Ruiz y de sus tres hijos. No hay agenda oficial, no hay comitiva de Estado. Hay, dice la fuente, una amistad cercana que ahora se traduce en un viaje privado.

Pero incluso las vacaciones de un exprimer ministro dejan trastienda. Este domingo, Johnson dará una charla en la Fundación I+D, la organización que dirige el propio Duque. No será un acto masivo ni una conferencia abierta: hablará, según el mismo reporte, a puerta cerrada ante un grupo reducido.

El detalle importa. La visita empezó como turismo familiar y termina, aunque sea por una tarde, en un espacio de ideas. Los protagonistas de la escena —el exlíder conservador británico que llevó al Reino Unido fuera de la Unión Europea y el expresidente colombiano que hoy dirige un centro de pensamiento— comparten algo más que una amistad personal: una biografía política forjada en la centroderecha, en años en que ambos gobernaron con mayorías incómodas y salidas abruptas del poder.

No hay, en las fuentes disponibles, detalles sobre el contenido de la charla ni sobre quiénes integran el grupo cerrado que la escuchará. Tampoco hay pronunciamientos oficiales de ninguno de los dos gobiernos, el actual británico ni el colombiano, sobre este viaje. Lo que hay es un dato concreto: un expresidente que, fuera del poder, sigue convocando figuras internacionales de peso a su fundación, y un exprimer ministro que decide que sus vacaciones en Suramérica incluyan, aunque sea una tarde, hablarle a una audiencia colombiana.

Para entender el presente hay que volver a esa semana, la de las vacaciones que se convirtieron en agenda. Duque dejó la Casa de Nariño hace años, pero conserva algo que no depende del cargo: la capacidad de traer a Bogotá —o a la ciudad colombiana que sea— a un nombre que sigue pesando en los círculos conservadores de Occidente. Johnson, por su parte, mantiene desde su salida de Downing Street un perfil itinerante, presente en foros y encuentros privados alrededor del mundo.

El desenlace de esta historia no está en un comunicado ni en una foto oficial, sino en algo más discreto: una charla sin cámaras, ante un auditorio pequeño, en la sede de una fundación privada. Ese formato —cerrado, sin prensa, entre pares— dice tanto como cualquier declaración pública sobre el tipo de vínculo que Duque cultiva ahora que ya no gobierna.

La escena tiene un peso simbólico que trasciende la anécdota turística. En un continente donde las redes de expresidentes y exlíderes internacionales suelen operar como puentes informales para ideas, inversión y alianzas políticas, que Johnson eligiera pasar parte de sus vacaciones hablando en la fundación de Duque no es un dato menor. Son este tipo de vínculos —construidos en la amistad personal antes que en el protocolo— los que terminan alimentando el intercambio de ideas sobre libre mercado y gobierno limitado que ambas figuras representaron en sus respectivos países.

Queda por verse si este encuentro deja algo más que una foto de familia y una tarde de conversación. Pero el solo hecho de que ocurra, en un momento en que Colombia debate su propio rumbo económico e institucional, recuerda que las redes de la centroderecha internacional siguen activas, aunque sus protagonistas ya no ocupen despachos oficiales.

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