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Zuckerberg contra Washington: no bloqueen la IA china

El CEO de Meta defiende los modelos abiertos y advierte que prohibir la inteligencia artificial china no dará ventaja a Estados Unidos. El Tesoro, en cambio, habla de «riesgos inaceptables» para la seguridad nacional.
Imagen ilustrativa
sábado 1 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Mientras el secretario del Tesoro, Scott Bessent, advertía que los laboratorios chinos de inteligencia artificial podrían ser sancionados e incluidos en la Lista de Entidades de Estados Unidos por representar, según sus palabras, «riesgos inaceptables» para la seguridad nacional, el CEO de Meta salía a contradecirle en las páginas del Financial Times.

Mark Zuckerberg fue directo: el gobierno de Estados Unidos no debería bloquear la inteligencia artificial de vanguardia china. Y fue más lejos: prohibir esos modelos no sería, dijo, «una solución eficaz» para ganar la carrera tecnológica.

No es una postura aislada. Microsoft, Perplexity, Mistral y Nvidia se han sumado a la defensa de los modelos de IA de pesos abiertos, el formato que permite a los usuarios personalizar los sistemas e incluso ejecutarlos en su propio hardware. El argumento del bloque empresarial es consistente: la apertura tecnológica hace la IA más accesible, impulsa la ciberseguridad y, en último término, consolida el liderazgo estadounidense en el sector.

Zuckerberg había anticipado su posición en una columna en The Wall Street Journal, donde también lanzó una advertencia sobre los riesgos de que la inteligencia artificial quede «centralizada» en manos de unos pocos grupos de gran poder. La frase tiene doble filo: apunta tanto a Beijing como, implícitamente, a los grandes laboratorios cerrados de Silicon Valley.

Los protagonistas del otro bando

Las autoridades estadounidenses tienen sus propios argumentos. El caso que circula en Washington involucra a Moonshot AI, una startup china cuyo modelo Kimi K3 fue entrenado mediante una técnica conocida como «destilación», que permite acelerar el desarrollo apoyándose en modelos más avanzados. Según la CNN, las autoridades afirman que Moonshot AI llevó a cabo un esfuerzo encubierto y a gran escala para eludir las restricciones de uso vigentes. El resultado, según los benchmarks citados en las fuentes, es un modelo que se ha acercado a las últimas versiones de ChatGPT de OpenAI y Claude de Anthropic.

Ese escenario es precisamente el que alimenta la postura del Tesoro. Bessent señaló que los laboratorios chinos podrían enfrentar sanciones que implicarían el bloqueo de acceso a hardware especializado y tecnología de fabricación de chips. La medida coincide con una de las tres propuestas del CEO de Anthropic, Dario Amodei, quien planteó en una carta abierta no vender chips potentes ni equipos de fabricación de chips a China.

El debate, entonces, tiene dos frentes simultáneos: qué hacer con los modelos chinos que ya circulan, y cómo cortar el acceso a la infraestructura que permite fabricar los próximos.

La trastienda del desacuerdo

Zuckerberg propuso una ruta alternativa: en lugar de prohibiciones, las empresas estadounidenses deberían identificar sistemáticamente los cuellos de botella y obstáculos que les impiden competir mejor contra firmas chinas como DeepSeek, Qwen, Kimi y otras. Es una apuesta por la competencia abierta frente a la restricción regulatoria.

El gobierno chino, por su parte, ya denunció el uso de sus modelos y advirtió que defenderá sus intereses, según recogen las fuentes.

La lectura de Hemisferio

El desacuerdo entre Zuckerberg y Washington revela una tensión de fondo que va más allá de la tecnología: es el viejo debate entre libre mercado y proteccionismo de Estado, ahora trasladado al campo de la inteligencia artificial. La postura de Meta y sus aliados es coherente con los principios del ecosistema abierto —innovación distribuida, competencia sin barreras artificiales, acceso al usuario final— y merece ser escuchada con seriedad.

Pero los hechos que documenta el Tesoro sobre Moonshot AI no son menores: si una empresa extranjera elude activamente las restricciones para apropiarse de ventajas tecnológicas, el problema no es solo de competencia comercial, sino de soberanía y seguridad. El reto para la administración Trump es encontrar el punto donde la apertura deja de ser fortaleza y empieza a ser vulnerabilidad. Ese cálculo, hasta ahora, nadie lo ha resuelto en voz alta.

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