La escena lo dice todo. Un parque en el norte de Bogotá, tres días de julio de 2026, más de mil etiquetas de vino y una docena de propuestas gastronómicas de cocina italiana, mexicana, peruana, española, americana y alemana. Vino al Parque regresa al Parque Museo El Chicó entre el 24 y el 26 de julio de 2026, de 11:00 a. m. a 9:00 p. m., con su octava edición y un concepto que los organizadores llaman «Esencia Local».
El nombre no es casual. Según Marlene Velilla, directora de marketing del festival, «después de siete ediciones, quisimos volver al alma de lo que somos. 'Esencia Local' es un reencuentro con nuestra identidad, pero también el punto de partida de una nueva etapa para seguir expandiendo esta forma distinta de vivir el vino». La apuesta busca destacar, según los organizadores, la manera en que los colombianos convierten los encuentros alrededor de la mesa en momentos para conversar, descubrir nuevos sabores y disfrutar sin protocolos.
Los detalles cuentan la historia. Bogotá concentra el 41% del consumo de vino en volumen y valor en Colombia, según cifras del sector citadas por los organizadores. Es el mercado más relevante del país para esta bebida, y Vino al Parque lleva ocho ediciones capitalizando ese apetito creciente desde la iniciativa privada.
La selección de etiquetas abarcará vinos blancos, tintos, rosados, espumantes y naranjas, además de referencias orgánicas, naturales, biodinámicas y de baja intervención. La oferta reunirá desde marcas reconocidas hasta pequeños productores e importadores boutique, lo que permite al asistente explorar distintos estilos, regiones y métodos de elaboración en un mismo recinto.
Para quienes quieran ir más allá de la copa, el festival ofrecerá las llamadas Catas al Parque: sesiones dirigidas por sommeliers y especialistas en las que los asistentes podrán aprender sobre cepas, regiones vinícolas, estilos de elaboración y maridajes. Las actividades estarán acompañadas por selecciones de quesos, charcutería y otros productos pensados para complementar cada vino.
El recorrido gastronómico incluirá establecimientos como Cabrera, Cheese Wheels, Dos del Alma, Sole Rosso, Zona K, Valientes a Fuego, Jacobsen, Maestri Milano, Kanka y Papas Pamientras. Para opciones dulces estarán Petite Crêperie y Boho, esta última con preparaciones libres de gluten. Una de las novedades de esta edición es Alma Silvestre, con una propuesta de café de especialidad que incluirá bebidas frías, matcha, té chai y talleres sobre métodos de preparación y catación.
La música en vivo de artistas locales y los espacios interactivos de diversas marcas completan una propuesta que, según sus organizadores, apunta tanto a conocedores como a quienes apenas se acercan al mundo del vino.
El acceso es exclusivo para mayores de edad. La entrada general tiene un valor de 59.900 pesos más el cargo por servicio de la ticketera, y las boletas están disponibles a través de Ticketmaster. El evento tendrá formato pet friendly.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Vino al Parque es, en el fondo, un termómetro de lo que ocurre cuando la libre empresa y la iniciativa cultural se encuentran sin intermediación burocrática: un festival que creció durante ocho ediciones financiado por el mercado, no por el aparato estatal. En una Bogotá donde el debate público suele girar en torno a regulaciones y controles, la historia de este festival es la de un sector que expandió su base de consumidores a través de la oferta, la educación y la experiencia. El dato del 41% del consumo nacional no es un accidente; es el resultado de años de inversión privada en cultura enológica. Ese es el modelo que vale la pena observar.



