La escena lo dice todo. Un sacerdote recorre los escombros de La Guaira acompañando a voluntarios y rescatistas que todavía recuperan cuerpos. Casi un mes después del doble terremoto, el balance oficial de Venezuela llegó este domingo a 5.208 muertos, luego de que las autoridades sumaran 89 fallecimientos adicionales en las últimas horas.
La cifra la difundió Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de Delcy Rodríguez, la presidenta encargada del país, a través de su cuenta de Telegram. Los heridos se mantienen en 16.740 y las personas que perdieron su vivienda ascienden a 17.907.
Los dos sismos —de magnitud 7.2 y 7.5— sacudieron la zona norte del país el 24 de junio. Desde entonces se han registrado 1.388 réplicas. La madrugada de este domingo, una nueva sacudida de magnitud 3 se produjo a nueve kilómetros al oeste de La Guaira, a una profundidad de 3.9 kilómetros, según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis). Usuarios en X reportaron haberla sentido; no se registraron daños adicionales.
Los números de la destrucción
El balance oficial detalla 856 edificios afectados y 190 colapsados. Hay 23.820 personas alojadas en 107 campamentos transitorios y las autoridades afirman haber atendido a 128.324 familias.
El viernes, el ministro de Ecosocialismo, Nelson Rodríguez, reveló que el doble sismo dejó 2.106.000 toneladas de escombros, estimación elaborada por el Gobierno venezolano en conjunto con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La magnitud del dato habla por sí sola: limpiar esa cantidad de material es una operación que normalmente requiere años, recursos internacionales y logística de gran escala.
Este mismo domingo, el Ministerio de Ecosocialismo informó que avanza en un Plan de Remediación Ambiental para el saneamiento de la costa del estado La Guaira. Entre las técnicas previstas figura la fitorremediación —siembra de especies vegetales específicas para restaurar las condiciones ambientales de la línea costera—, así como una «reorganización del territorio desde un enfoque de planificación consciente», según la publicación oficial en Instagram. El ministerio no precisó plazos, costos ni fuentes de financiamiento.
La trastienda del desastre
Para entender el presente hay que volver a esa semana de junio. La Guaira, el estado costero que concentra el aeropuerto internacional de Caracas y varios municipios densamente poblados, fue el epicentro del colapso. La geografía —acantilados, urbanizaciones informales en laderas, infraestructura envejecida— amplificó el daño de dos sacudidas que en otro contexto habrían sido devastadoras, pero manejables.
Los detalles cuentan la historia: más de dos millones de toneladas de escombros, casi dieciocho mil personas sin techo y un gobierno que comunica las cifras a través de las redes sociales de un funcionario cuya hermana preside el país. La cadena institucional es, en sí misma, un dato.
La lectura de Hemisferio
Venezuela enfrenta esta catástrofe con el aparato estatal que décadas de bolivarianismo construyeron: opaco en sus cuentas, centralizado en su mando y dependiente, paradójicamente, de organismos internacionales como el PNUD para estimar el volumen de sus propios escombros. La fitorremediación y la planificación «consciente» son anuncios; los 23.820 venezolanos en carpas son una realidad.
Lo que está en juego es algo más que la reconstrucción física. Es la capacidad de un Estado que durante años expulsó inversión privada, destruyó su clase media y ahogó la libre empresa para responder ahora a una emergencia que exige exactamente lo que ese modelo eliminó: recursos, eficiencia, transparencia y confianza de los mercados internacionales. El mundo observa. Las víctimas, esperan.



