La escena lo dice todo. En la inauguración oficial de la Semana de la Chilenidad, realizada en la carpa principal del Parque Padre Hurtado, el ministro de las Culturas, Francisco Undurraga, tomó distancia de las condenas al rodeo y salió en su defensa con una formulación clara: «Una tradición arraigada en lo más profundo de nosotros».
La actividad reunió a las alcaldesas de Vitacura, Camila Merino, y Las Condes, Catalina San Martín; al alcalde de La Reina, José Manuel Palacios; y al presidente de la Federación Criadores de Caballos Raza Chilena, Roberto Standen. Undurraga planteó allí que una tradición permanece viva cuando es recibida, apropiada y transmitida por las nuevas generaciones.
«Una tradición sigue viva cuando alguien la recibe, la hace suya y la pone en práctica y, desde luego, la transmite», afirmó. En esa misma línea, sostuvo que la Semana de la Chilenidad lleva 29 años reuniendo a familias en torno al folclore, la gastronomía y la cultura ecuestre, y añadió que para este año se espera la participación de más de 350 mil personas.
El giro estuvo en el rodeo. Undurraga lo describió como una tradición vinculada a la historia y la identidad del país. «Y junto al caballo está también el rodeo chileno, una tradición arraigada en lo más profundo de nosotros», señaló. También cuestionó las condenas hacia la práctica y dijo: «Tener opiniones políticas no da carta blanca para condenar nuestras tradiciones, y nada de eso contribuye a cuidarlas ni a proyectarlas hacia el futuro».
El ministro fue más allá. Definió el rodeo como «un deporte que reúne a familias y comunidades a lo largo y ancho de toda nuestra patria» y como «una expresión de nuestra cultura que se practica desde hace siglos y merece ser respetada como tal». En su discurso, unió esa defensa con una idea de continuidad entre generaciones: las tradiciones recibidas de padres y abuelos deben ser cuidadas para entregarlas después a las nuevas generaciones.
«Así mantenemos viva nuestra cultura, viviéndola, disfrutándola con orgullo, con cariño. Estamos orgullosos de ser chilenos», expresó. Luego añadió que las tradiciones son «ese lugar seguro al que siempre podemos volver».
El cierre de su intervención también dejó una definición política, aunque sin consignas partidarias. Undurraga sostuvo que una nación no se construye solo con indicadores económicos, sino también con el cuidado y la transmisión de una historia común. «Una nación se construye día a día, cuidando y transmitiendo su historia en común», concluyó.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Lo que ocurre aquí no es solo una defensa cultural; es una disputa por el sentido de las tradiciones y por el lugar que tienen frente a las condenas ideológicas. En ese choque, el Estado no aparece como árbitro neutral, sino como actor que también toma posición sobre qué costumbres merecen ser protegidas.
Y ahí está el punto de fondo. Cuando un ministro de Culturas se alinea con la preservación de una práctica arraigada, el mensaje favorece a quienes ven en la tradición un patrimonio que no debe ser tratado como una carga burocrática ni como un blanco fácil del activismo. La discusión, al final, no es solo sobre el rodeo. Es sobre la libertad de una comunidad para mantener sus símbolos, su memoria y su forma de vida.



