Donald Trump anunció este jueves compromisos de cómputo por 2.4 mil millones de dólares de grandes tecnológicas, entre ellas Nvidia, OpenAI y Anthropic, para respaldar la investigación científica impulsada por agencias federales.
La Casa Blanca dijo que los fondos se usarán para llevar la misión Genesis —un esfuerzo para usar IA y mejorar desarrollos científicos federales— a 14 agencias vinculadas con energía, salud y espacio.
Nvidia aportará 1 mil millones de dólares, la mayor contribución individual. AMD prometió 500 millones, OpenAI donará 200 millones y Anthropic y Google comprometieron 150 millones cada una.
Otras empresas también entraron en la lista. AMP y Emerald AI comprometieron 100 millones de dólares cada una, mientras AWS, Armada, Crusoe y Micron pondrán 50 millones cada una, de acuerdo con un comunicado.
El anuncio formó parte de la cumbre «Science: A New Golden Age» en la Casa Blanca. La administración Trump había lanzado inicialmente la misión Genesis en noviembre de 2025 a través del Departamento de Energía.
Pero el dinero no fue el único mensaje político de la jornada. Trump volvió a insistir en cambiar el nombre de la IA por «superinteligencia», y en Truth Social escribió que la Casa Blanca considera enemigo a quien use el término «artificial intelligence» en lugar del que él llama más preciso.
La apuesta no es menor. Jensen Huang, CEO de Nvidia, dijo en un comunicado que, con una inversión de 1 mil millones de dólares, la empresa pone «superinteligencia» avanzada en manos de los científicos estadounidenses para acelerar avances en medicina, energía y materiales.
Trump ha empujado esa etiqueta para contrarrestar el alarmismo sobre la IA y presentarla como una fuerza más favorable. Al mismo tiempo, ha advertido que el mayor riesgo es permitir que China gane la carrera tecnológica al frenar en casa el desarrollo de los modelos más poderosos.
El presidentе también recibió la semana pasada a los principales titanes tecnológicos en una cumbre de IA en la Casa Blanca, con ejecutivos de firmas como Amazon, OpenAI y Google, valoradas en conjunto en más de 1.8 billones de dólares.
La escena lo dice todo. La Casa Blanca ya no trata la inteligencia artificial como un asunto de laboratorio, sino como un eje de poder económico, científico y geopolítico.
Para la lógica de libre mercado, el dato central es que la carrera por la IA se está definiendo entre grandes corporaciones, Estado federal y estrategia nacional. Cuando el aparato estatal entra a organizar prioridades, también entra a repartir influencia, incentivos y recursos. Beneficia a quienes están en la mesa; obliga al contribuyente a seguir financiando una competencia que ahora se vende como misión pública.
Y en el fondo, el giro semántico importa. Llamarla «superinteligencia» no cambia la tecnología, pero sí el relato con el que se intenta domesticar su percepción pública. Entre la promesa de innovación y la concentración de poder, la pregunta de fondo sigue siendo quién manda, quién paga y quién captura el fruto de esos avances.


