Donald Trump acusó sin pruebas a la gobernadora de Arizona, Katie Hobbs, de haber sido sobornada por los cárteles y la responsabilizó de una «muerte tremenda» en el estado, durante un mitin en Bullhead, en el oeste de Arizona.
El presidente estadounidense dijo que «su gobernadora Katie Hobbs hace la voluntad de los cárteles» y añadió que «la gente dice que los cárteles la sobornan; no me sorprendería». También sostuvo que «ellos tienen mucho dinero porque lo que ella hace no tiene sentido. Algo tiene que haber entre ella y los cárteles porque ella está causando una muerte tremenda en su estado».
Trump también afirmó que Hobbs «vetó una legislación que habría sido mala y probablemente quebrado a los cárteles y aumentado las sentencias de prisión para los traficantes de fentanilo. No lo hizo. No la firmó».
Las acusaciones se produjeron un día después de que el expresidente Barack Obama respaldara a Hobbs en su candidatura a la reelección, lo que sumó a otro demócrata de alto perfil a su lista de partidarios en una contienda que se ha vuelto cada vez más competitiva. Ayer, Trump pidió respaldar al republicano Andy Biggs en las elecciones del próximo 3 de noviembre.
El mandatario también repitió sin fundamento que la candidata demócrata perdió las elecciones a gobernadora de 2022 ante la republicana Kari Lake, y volvió a aludir a la falla temporal que registraron algunas de las máquinas de votación en el condado de Maricopa en pasadas elecciones generales, cuando él se jugaba la reelección contra Joe Biden.
«Teníamos a una candidata maravillosa, y todas esas máquinas estaban averiadas el día de las elecciones ¡Qué elecciones tan amañadas!», agregó.
Hobbs aventaja a Biggs por 8 puntos, 49% frente a 40.8%, según el último promedio de encuestas de FiftyPlusOne.
La escena lo dice todo. En Arizona, la campaña ya no se libra solo en torno a candidatos y encuestas: también se juega en el terreno de la seguridad, el control fronterizo y la confianza pública en las instituciones. Cuando un presidente convierte a la gobernadora en blanco de acusaciones sin pruebas, el debate se desplaza del gobierno a la trastienda de la confrontación política.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Obama se alineó con Hobbs, Trump empujó por Biggs y el electorado recibió un mensaje claro: Arizona es una batalla abierta. Pero el hecho central sigue siendo otro: si la política se reduce a eslóganes y señalamientos, pierde el contribuyente, pierde la rendición de cuentas y gana el ruido. En una democracia sana, la seguridad no debería usarse como arma de campaña, sino como obligación de gobierno.


