El giro llegó con una respuesta breve en X. Cuando un usuario le preguntó si SpaceXAI cambiaría de nombre a SpaceXSI, Elon Musk contestó: «Sí, haremos ese cambio». La publicación fue el eco más visible de una semana en la que Donald Trump volvió a empujar su cruzada semántica para sustituir «inteligencia artificial» por «superinteligencia».
La escena lo dice todo. En Washington, el presidente reunió en un almuerzo de alto nivel en la Casa Blanca a varios de los nombres más pesados de la industria: Dario Amodei, Elon Musk, Jensen Huang, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Sundar Pichai, Satya Nadella y Alex Karp. Lo hizo después de haber dicho ante la Asamblea General de las Naciones Unidas que, «a partir de ahora», los documentos de Estados Unidos, y ojalá también los del mundo, deberían usar el término «super» en lugar de «artificial».
La semana pasada, Trump ya había protagonizado una jornada atravesada por la IA, rebautizada como «Súper Inteligencia», con augurios de una «edad de oro» para Estados Unidos impulsada por esa tecnología. El gesto no fue solo retórico. A la mesa llevó también una dinámica de poder cuidadosamente ordenada: Huang quedó sentado al lado de Trump, Musk al otro lado, Zuckerberg más adelante y Vance directamente frente al presidente.
Durante el almuerzo, Trump y los líderes empresariales firmaron un documento que Mike Johnson describió como un conjunto «voluntario» de «compromisos» de la industria para implementar «controles internos sólidos y niveles de revisión interna y externa». El documento, según se leyó, establece cuatro niveles de controles y auditorías para vigilar capacidades, alineación, ciberseguridad, bioseguridad y amenazas químicas, además de evitar que los modelos hackeen o accedan a sistemas técnicos de formas no previstas.
El primer nivel pide controles internos sólidos durante el entrenamiento y el despliegue. El segundo ordena facultar a un equipo interno para verificar que controles, supervisión y detección funcionen. El tercero llama a colaborar con un auditor externo independiente. Y el cuarto propone un comité independiente de la junta directiva para supervisar a los equipos encargados de esos controles y a los auditores.
Consultado sobre si no creía necesaria una regulación de la IA, Trump respondió que «existe la convicción de que debería haber una gran autorregulación» y recordó que Estados Unidos ya cuenta con controles del Departamento de Justicia y el FBI. «Pero la autorregulación es muy importante», insistió.
Más tarde, el presidente difundió en Truth Social un mapa con las ubicaciones de los ejecutivos y funcionarios en la mesa del llamado «Super Intelligence Luncheon», una postal de poder que dejó ver quién estaba cerca de quién en la nueva arquitectura de influencia de la industria con el gobierno norteamericano.
Trump cerró el almuerzo con una frase cargada de confianza: dijo que los presentes eran «las personas más brillantes del mundo» y que había «muchos puntos en común» y «una sensación increíble». También aseguró: «Tenemos una ventaja enorme [en el desarrollo de la IA] y vamos a mantener esa ventaja».


