Donald Trump volvió a subir el tono contra México. El presidente de Estados Unidos advirtió este jueves que su gobierno todavía no ha desplegado toda su fuerza contra los cárteles del narcotráfico en territorio mexicano y dijo que las acciones terrestres podrían comenzar próximamente.
«Ni siquiera hemos empezado. Todavía no hemos actuado en tierra con toda la fuerza, pero eso está comenzando. Tenemos que actuar», declaró al hablar de las operaciones contra los cárteles mexicanos.
Trump aseguró además que su administración mantiene comunicación con el gobierno de Claudia Sheinbaum. Pero, a la vez, insistió en que los cárteles tienen el control del país y que México no ha logrado frenarlos.
«Estamos trabajando con México, pero, desafortunadamente, los cárteles gobiernan México. Se lo digo a la presidenta de México. Ella no está contenta. Es una gran mujer, una mujer maravillosa, pero los cárteles gobiernan México», sostuvo.
El giro no es menor. Trump ya había presumido su campaña militar contra lanchas que, según dijo, transportan drogas por vía marítima. Ahora volvió a advertir que todavía no ha emprendido un «ataque total por tierra».
En su relato, el mandatario también aseguró: «Sabemos dónde están todos los malos. Los cárteles. Sabemos dónde viven y los estamos golpeando con fuerza». Agregó que México debería hacerlo, pero que «ahora mismo no son capaces».
Trump incluso imitó el ruido de los misiles cayendo sobre las lanchas supuestamente cargadas de droga. Dijo que no siente compasión por las personas a bordo porque, a su juicio, «cada uno de esos barcos mata a miles y miles de personas» con fentanilo.
El comentario vino acompañado de otra frase que resume el clima de estas operaciones: «Lo malo de todo esto es que ya nadie sale a pescar», bromeó el republicano, en medio de las críticas que denuncian que estos operativos han matado de manera extrajudicial a pescadores.
Trump suele repetir que el crimen organizado tiene el control del territorio mexicano. En septiembre, durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, afirmó que México es «el epicentro» del narcotráfico.
La escena lo dice todo. Washington endurece el lenguaje y México queda otra vez bajo una amenaza que mezcla seguridad, soberanía y poder. Cuando un presidente de Estados Unidos anuncia que todavía no ha usado «toda la fuerza», el costo político inmediato recae sobre el gobierno mexicano, pero el riesgo de fondo alcanza a ambos lados de la frontera.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La discusión no es solo de retórica. Es sobre quién controla el territorio, quién asume el costo de actuar y hasta dónde puede llegar el aparato estatal cuando decide intervenir. En esa ecuación, la seguridad deja de ser un eslogan y se convierte en la medida más dura del orden público.
Los detalles cuentan la historia. Trump no está hablando de una insinuación menor, sino de una escalada que pone a prueba la relación bilateral y deja al descubierto la fragilidad de un país que, según sus palabras, no ha logrado contener a los cárteles. El desenlace todavía no está escrito, pero el mensaje ya llegó: la presión desde Washington apenas comienza.



