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Trump aprieta, Sheinbaum responde y México pelea quién lo define

La nueva andanada de Donald Trump contra México reabre una disputa de fondo: quién fija la imagen del país ante el mundo y cuánto cede la identidad nacional frente a Washington. En esa pelea, la presidenta Claudia Sheinbaum intenta contener el golpe sin soltar el discurso nacionalista.
Imagen generada con IA
viernes 25 de septiembre de 2026

Donald Trump volvió a lanzar una nueva andanada contra México durante su discurso en la Asamblea General de Naciones Unidas, y el impacto va más allá de la cortesía que esta vez dedicó al gobierno de Claudia Sheinbaum. La pregunta que deja su intervención no es menor: quién define a México.

La escena lo dice todo. Washington tiene una idea clara de lo que quiere en el continente americano, aunque su proceder sea caótico en otras regiones. La Doctrina Monroe volvió recargada, y varias naciones de América Latina se han plegado a la Casa Blanca. México no está entre los gobiernos que corren a tomarse la foto con Trump, pero eso no lo libra de perturbaciones provenientes del norte.

Desde su primera campaña electoral, hace más de 10 años, Trump buscó retratar a México como un país que amenaza a la Unión Americana. Con simplismo, dijo que enviábamos a lo peor de nosotros, a violadores y criminales que llevan drogas. En su retorno a la presidencia en 2025, además, premió en cercanía a colaboradores que idearon un plan antiinmigrante y antimexicano.

Desde enero del año pasado, la Casa Blanca retrata a México como un país donde los cárteles gobiernan y a su presidenta como una política tan bien intencionada como medrosa. Esa imagen no es menor: cuando un gobierno extranjero insiste en definir a otro país de ese modo, el costo no se limita a la retórica. Se abre una batalla por el relato, por la legitimidad y por el margen de maniobra política.

Sheinbaum ha respondido con pragmatismo. Solo al principio se enganchó en tiempo real con Trump; hoy elabora respuestas en las mañaneras, en mítines de fin de semana o en actos especiales, y compartimentaliza: aísla la colaboración real en temas bilaterales y deja descortesías y ataques en el plano mediático.

Hay otra variable que asoma en el horizonte: las elecciones de noviembre. No hace falta esperar para advertir que una derrota legislativa de Trump podría no moderarlo, sino empujarlo a ser más beligerante. En forma y fondo, eso podría traducirse en una ofensiva más agresiva sobre agendas que le ayudan con su electorado, como culpar a México de robar empleos a los estadounidenses o de inundarlos de drogas.

Pero la disputa no es solo con Washington. También existe una pregunta incómoda del lado mexicano: en qué medida el propio país permite que Trump se vuelva un factor de su identidad. El autor de la columna plantea que no son solo los críticos del gobierno quienes colaboran en ese terreno, y sugiere que hay coautores de esa definición externa.

Frente a esas andanadas, Sheinbaum enarbola discursos de fuerte espíritu nacionalista. Se equipara, sin mencionarlo incluso, a Trump y sus expresiones con el injerencismo de otros siglos, con intervenciones que han costado sangre, territorio y división. La pregunta que queda abierta es si ese paralelismo histórico es la mejor forma de defender a México.

La columna marca una línea incómoda para todos: México no es un narcoestado, no tiene un narcogobierno, pero sí carga con cárteles poderosísimos, un Estado muy disfuncional, políticos ligados a criminales y criminales decidiendo en gobiernos. Ese cuadro no depende de Trump, aunque Trump lo explote.

Por eso, el desenlace importa. Si Washington logra imponer su definición, tendrá a México en el puño. Y si dentro del país hay quienes aplauden esa presión o quienes se dejan arrastrar por la conveniencia política, la vulnerabilidad será mayor. Lo que está en juego no es solo la respuesta a una agresión externa, sino el derecho del país a definirse sin intermediarios.

Conviene no dejar sola a la presidenta al rechazar la agresión del Tío Sam. Pero también conviene no dejar en sus manos, ni en las de nadie, la definición completa de qué es México. En esa disputa está el principio de soberanía, y también la responsabilidad de no regalarle al poder foráneo ni a los criminales locales el derecho a escribir la identidad nacional.

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