La escena lo dice todo. Mientras el debate político en Chile vira hacia batallas culturales e identitarias, dos diputadas del Partido de la Gente (PDG) decidieron salir a interrumpir ese guion.
Flor Contreras y Tamara Ramírez, parlamentarias del PDG, manifestaron esta semana su rechazo a lo que describieron como una «arremetida parlamentaria» orientada a instalar debates ideológicos en el Congreso. Su mensaje fue directo: el foco legislativo debe estar en la crisis de seguridad, el crecimiento económico, la generación de empleo, y las mejoras en salud y educación.
La diputada Contreras fue categórica. «Presentar este tipo de proyectos de ley que carecen de urgencia en la actualidad y que solo buscan reactivar trincheras ideológicas es darle la espalda a la ciudadanía», declaró. «Las reales necesidades de Chile están en una mayor seguridad, más trabajo, en los hospitales y en las escuelas, ahí es donde el Congreso debe poner toda su energía, no en agendas valóricas que no responden a las necesidades cotidianas de las personas».
Para Contreras, la ciudadanía no demanda más peleas políticas por temas valóricos: «Los chilenos exigen respuestas», subrayó.
Por su parte, Tamara Ramírez apuntó directamente al Partido Republicano. «Mientras las familias chilenas nos piden en la calle más seguridad para salir a trabajar y medidas concretas para la reactivación económica, vemos que el Partido Republicano insiste en atrincherarse en una batalla cultural y valórica que no apunta a las reales necesidades de la población y la clase media», señaló. Para Ramírez, destinar tiempo legislativo a esos debates «solo busca dividir y no solucionar la crisis de seguridad y otras emergencias que vive el país». Su diagnóstico fue preciso: «Demuestra una profunda desconexión con los verdaderos problemas de la gente».
Ambas parlamentarias cerraron su posición con un llamado concreto a todas las bancadas del Congreso: centrar la agenda de comisiones y sala en destrabar proyectos de ley que dinamicen la economía, fortalezcan a las policías para frenar la delincuencia y agilicen la atención en el sistema público de salud.
Los detalles cuentan la historia. El PDG no es un partido de izquierda ni de derecha en el sentido clásico; su capital político descansa precisamente en esa imagen de pragmatismo ciudadano alejado de las guerras culturales. Que dos de sus diputadas salgan a marcar distancia pública de la agenda valórica no es un gesto menor: es una apuesta por el votante de clase media que paga impuestos, necesita hospitales y quiere caminar seguro por la calle.
Desde la perspectiva de Hemisferio, el debate de fondo es de prioridades y de costos. Cada hora legislativa dedicada a trincheras identitarias es una hora que no se invierte en desregular, en fortalecer a las policías o en reducir la burocracia que frena la inversión privada. Chile tiene una crisis de seguridad documentada y un crecimiento económico que no despega. En ese contexto, la clase media no puede darse el lujo de financiar con su tiempo y su atención debates que no mueven el bolsillo ni las calles. Esa es la urgencia que Contreras y Ramírez pusieron sobre la mesa, y es la misma que el Congreso en pleno debería tener como norte.



