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Tres sismos en menos de 24 horas

Lima, Áncash y Huánuco registraron movimientos telúricos entre la noche del viernes y la tarde del sábado. El IGP no reportó daños ni víctimas, pero el director del organismo renovó el llamado a la preparación ciudadana.
Imagen ilustrativa
domingo 12 de julio de 2026

La escena lo dice todo. Mientras Lima dormía la noche del viernes 10 de julio, un sismo de magnitud 4.3 recorrió el subsuelo del distrito de Lurín, al sur de la capital peruana. Pocas horas después, dos movimientos telúricos adicionales sacudieron las regiones de Áncash y Huánuco. En menos de 24 horas, tres sismos distintos activaron los sistemas de monitoreo del Instituto Geofísico del Perú (IGP) y reavivaron un debate que en Lima nunca termina del todo: ¿está la población preparada para el terremoto mayor que los especialistas anticipan desde hace décadas?

El primer evento fue el más visible. El epicentro se localizó por debajo de la corteza urbana de Lurín y la percepción se extendió a varios sectores de la capital. Hernando Tavera, director del IGP, precisó en declaraciones a RPP Noticias que el movimiento «pasó por debajo de Lima Metropolitana y no pasó de un remezón». No se reportaron daños estructurales ni víctimas. Aun así, la sola ubicación del epicentro —en una de las zonas más densamente pobladas del país— bastó para que el teléfono de las autoridades no parara de sonar.

Los detalles cuentan la historia. Áncash y Huánuco registraron sus respectivos sismos durante la madrugada y la mañana del sábado. En ambos casos el IGP compartió la información con las autoridades regionales para la evaluación de posibles riesgos secundarios. Las revisiones de infraestructura no arrojaron afectaciones graves. El monitoreo, según el organismo, es permanente.

Tavera aprovechó la coyuntura para insistir en un mensaje que el IGP repite con cada temblor: la preparación debe integrarse en la rutina diaria. «Toda familia debe saber cuáles son sus rutas de evacuación y los lugares donde resguardarse ante un movimiento sísmico», declaró el funcionario. Entre las recomendaciones concretas figuran tener a mano agua, alimentos no perecibles, linterna, radio, baterías, documentos importantes y un botiquín básico. El director también sugirió respetar los protocolos de salud en caso de aglomeraciones posteriores a un sismo y organizar simulacros periódicos en comunidades y familias.

«Estos fenómenos deben asumirse como una llamada de atención para reforzar nuestros hábitos de prevención», afirmó Tavera en la misma entrevista con RPP Noticias.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. Lima Metropolitana concentra millones de habitantes en una zona de alto riesgo sísmico. La densidad poblacional convierte cada remezón menor en un ensayo de lo que podría ocurrir con un evento de mayor magnitud. El IGP exhortó a la ciudadanía a coordinar con vecinos, identificar puntos de encuentro y familiarizarse con los procedimientos de evacuación, y reiteró que la información debe buscarse únicamente en fuentes oficiales y acreditadas.

La institución subrayó que la comunicación permanente con las autoridades regionales y locales permite una respuesta rápida ante cualquier eventualidad.

La lectura de Hemisferio. Tres sismos en menos de 24 horas no son una catástrofe; son un recordatorio. Lo que queda en evidencia no es la fuerza de la tierra sino la fragilidad de la preparación institucional y ciudadana en un país que sabe, desde hace generaciones, que el suelo bajo sus pies no es estable. La cultura de prevención que Tavera reclama no se construye con declaraciones tras cada remezón: requiere inversión sostenida en infraestructura resistente, educación cívica real y un Estado capaz de hacer cumplir normas de construcción sin que la burocracia o la corrupción las vacíen de contenido. Cada sismo menor que pasa sin daños es una oportunidad. La pregunta es si las autoridades peruanas —y la ciudadanía— están dispuestas a aprovecharla antes de que llegue el evento que no perdone.

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