La escena lo dice todo. Una artista visual de 92 años, Julia Toro, estará presente el jueves 30 de julio en el Centro Cultural La Moneda cuando se presente el fotolibro dedicado a su trayectoria. A su lado, en sentido figurado, dos archivos que permanecieron resguardados durante décadas: el de Mariana Matthews, fotógrafa del sur de Chile, y el de Elena Concha Silva, cuyas más de cinco mil imágenes tomadas en el Maule Sur esperaron silenciosas hasta que alguien decidió abrirlas.
Ese alguien llegó en forma de festival. La quinta edición de StgoFoto 2026, que se realizará entre el 30 de julio y el 2 de agosto en el Centro Cultural La Moneda, ha reservado su jornada inaugural para una causa poco frecuente en los festivales de fotografía: publicaciones e investigaciones sobre archivos de mujeres.
Tres libros. Tres historias de recuperación.
El sur en cuatro décadas
La primera publicación lleva por título Antología fotográfica y es una edición de Ediciones Universidad Austral de Chile. La selección y los textos son de Ignacio Szmulewicz, y el volumen reúne por primera vez más de cuatro décadas de trabajo de Mariana Matthews, incorporando imágenes inéditas junto a obras que ya habían circulado tanto en Chile como en el extranjero. La presentación contará con la participación de la artista visual y fotógrafa Jocelyne Rodríguez Droguett.
El dato de las imágenes inéditas no es menor. Sugiere que incluso una obra conocida guarda capas que el tiempo y la falta de edición mantienen ocultas. Reunirlas en un solo volumen es, antes que nada, un acto de orden: darle a una trayectoria la coherencia que el mercado editorial no siempre garantiza.
Cinco mil imágenes del Maule
El caso de Elena Concha Silva es más radical. Editado por Espe Fuentes Espinoza e Ivón Figueroa Taucán y publicado por Almacén Editorial, el fotolibro dedicado a la fotógrafa parralina es el primero en su nombre. Rescata más de cuarenta años de fotografías tomadas en el Maule Sur y trabaja sobre un archivo de más de cinco mil imágenes que, según la fuente, permaneció resguardado durante décadas.
Cinco mil imágenes. El número habla de una disciplina sostenida en el tiempo y de una obra que existió al margen de los circuitos que convierten a un fotógrafo en referencia. La publicación, según sus editoras, busca ofrecer una mirada integral sobre el trabajo de Concha Silva y ampliar el conocimiento sobre su legado.
Los detalles cuentan la historia: no es que la obra no existiera, es que nadie la había organizado para que otros pudieran verla.
La figura que sí circuló
Julia Toro ocupa un lugar distinto en este trío. Artista visual de 92 años, es descrita como una de las figuras más influyentes de la fotografía de autor en Chile. Su fotolibro, publicado por Fluq Ediciones con diseño de Erwin Velasco y edición de Hugo Ángel y el propio Velasco, no pretende descubrir una obra ignorada sino proponer una nueva lectura de una trayectoria ya reconocida, profundizando en las raíces de un trabajo que ha influido en generaciones de fotógrafos.
Que Toro esté presente en la presentación convierte el lanzamiento en algo más que un acto editorial. Es, en cierta medida, un reconocimiento en vida, con la artista como testigo de la recepción de su propio legado.
Entrada libre, Centro Cultural La Moneda
Las tres presentaciones están programadas para el jueves 30 de julio, dentro del horario general del festival: de 10:00 a 19:00 horas en el Centro Cultural La Moneda, Plaza de la Ciudadanía 26, Santiago. La entrada es liberada.
StgoFoto llega a su quinta edición con un gesto que merece atención: elegir los archivos de mujeres como eje de apertura no es decorativo. Es una decisión curatorial que dice algo sobre hacia dónde mira el festival.
Para Hemisferio, la historia de fondo es la del valor que produce la iniciativa privada y editorial cuando decide organizar lo que el tiempo dejó disperso. Almacén Editorial, Fluq Ediciones, Ediciones Universidad Austral de Chile: son sellos que asumieron el costo y el riesgo de convertir archivos en libros. Sin ese paso, cinco mil imágenes del Maule Sur seguirían siendo un secreto bien guardado. El mercado de los fotolibros es pequeño y exigente; que tres publicaciones de este tipo lleguen simultáneamente al mismo festival dice algo sobre la vitalidad de un ecosistema cultural que funciona cuando los incentivos correctos —prestigio, distribución, comunidad de lectores— están presentes. Eso también es parte del legado.



