La escena se repite cada tercer domingo de julio: familias mexicanas se preguntan si ese día es o no el indicado para llamar a la abuela. La respuesta corta es que sí, pero no es la única oportunidad en el calendario.
Este domingo 26 de julio se celebra en varios países el Día Internacional de los Abuelos, una fecha con raíces en la tradición cristiana: conmemora a San Joaquín y Santa Ana, considerados en la fe católica padres de la Virgen María y, por tanto, abuelos de Jesús. Ambas figuras son tenidas como patronos de los abuelos y de las personas mayores. La conmemoración fue formalizada en 1998 por la organización no gubernamental Mensajeros de la Paz, con el propósito de destacar el papel de los adultos mayores como pilares de sabiduría, apoyo emocional y unión familiar.
Pero en México el 26 de julio comparte el calendario con otras dos fechas que reclaman el mismo protagonismo.
El 28 de agosto: la fecha más arraigada
Mientras el mundo anglosajón y buena parte de Europa adoptan la fecha de julio, en México la conmemoración más enraizada en el tejido social sigue siendo el 28 de agosto, conocido como el Día del Abuelo. Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XX: fue instaurado el 28 de agosto de 1983 y, con el paso de las décadas, fue impulsado por instituciones públicas y organismos de asistencia social. Su objetivo declarado ha sido reconocer la contribución de las personas adultas mayores, promover el respeto hacia ese sector y sensibilizar sobre la necesidad de garantizarles una vida digna.
Es, en esencia, una creación del aparato estatal mexicano, surgida en los años ochenta cuando el gobierno buscaba articular políticas de bienestar para la tercera edad. Que haya sobrevivido décadas y conserve vigencia popular dice algo sobre la centralidad de los abuelos en la estructura familiar del país.
El 1 de octubre: el mandato de Naciones Unidas
La tercera fecha llega desde Ginebra y Nueva York. El 1 de octubre se celebra el Día Internacional de las Personas de Edad, establecido el 14 de diciembre de 1990 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. La iniciativa busca dar visibilidad a los mayores, reflexionar sobre los avances y desafíos para garantizar el pleno disfrute de sus derechos humanos, y llamar la atención sobre los retos del envejecimiento demográfico global.
Son, por tanto, tres fechas con tres genealogías distintas: una religiosa, una nacional y una supranacional. Las tres convergen en el mismo sujeto: el abuelo o la abuela que cuida nietos, transmite costumbres y, en muchos hogares mexicanos, también aporta ingresos.
El peso real de los abuelos en México
Los detalles cuentan la historia. En México, según recoge la fuente, los abuelos no son solo figuras afectivas: en muchos hogares desempeñan un papel fundamental en el cuidado de los nietos, el apoyo económico y el fortalecimiento de los vínculos familiares. Son, en la práctica, una red de seguridad que el Estado no siempre puede proveer.
Las familias que este domingo 26 de julio organicen comidas, reuniones o simplemente envíen un mensaje están respondiendo, quizás sin saberlo, a tres siglos de tradición cristiana, a un decreto de 1983 y a una resolución de la ONU de 1990. Pocas celebraciones acumulan tanta historia en una sola llamada telefónica.
Para Hemisferio, la multiplicidad de fechas no es una curiosidad de calendario: es el síntoma de una realidad que el mercado, la Iglesia y el Estado reconocen por igual. Los abuelos mexicanos sostienen estructuras que ninguna burocracia podría reemplazar: transmiten capital cultural, proveen cuidados sin costo para el erario y mantienen cohesión familiar en un entorno de creciente fragmentación social. Que tres instituciones distintas —una ONG religiosa, el gobierno mexicano y la ONU— hayan sentido la necesidad de crear su propia fecha de homenaje revela, más que generosidad institucional, el reconocimiento tácito de una deuda que el Estado nunca ha sabido saldar de otra manera.



