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Trece vidas sobre las Líneas de Nazca

Una avioneta de la empresa Aerodiana se desplomó e incendió cuando regresaba del sobrevuelo turístico más famoso del Perú. Once de las víctimas eran turistas europeos; los consulados de España, Italia y Alemania ya fueron alertados.
Imagen ilustrativa
domingo 2 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Los restos calcinados de la avioneta, el humo visible desde la carretera y los agentes de la Policía Nacional acordonando el perímetro mientras el fiscal de turno aún no llegaba. Era el 1 de agosto de 2026 y las Líneas de Nazca, uno de los destinos turísticos más reconocidos del planeta, se convertían en escenario de la peor tragedia aérea del circuito en años.

El Ministerio de Transportes y Comunicaciones confirmó que los 13 muertos incluían 11 turistas provenientes de España, Italia y Alemania, más el piloto y el copiloto. La aeronave pertenecía a la empresa Aerodiana y había partido desde el terminal aéreo de Pisco, en la región Ica, para realizar un vuelo de sobrevuelo turístico sobre las famosas geoglifos.

Según relató a EFE el guía turístico Juan Valdivia, quien trabaja en la zona, la nave aparentemente había completado el sobrevuelo y se acercaba al aeropuerto de Nazca cuando perdió comunicación con la torre de control. Otra avioneta que operaba en el mismo radio fue testigo del accidente.

Un dato que las autoridades no están descartando: un día antes del siniestro, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología —Senamhi— había registrado un incremento de los vientos Paracas en la ciudad de Pisco, con una intensidad medida en 50 kilómetros por hora. La relación entre ese fenómeno y la caída de la aeronave forma parte de la investigación en curso.

La presidenta Keiko Fujimori, que regresaba de una visita a la región Junín, se pronunció ante los periodistas con palabras de condolencia y precisó los pasos que el gobierno ha puesto en marcha. «El ministro de Transportes y Comunicaciones está realizando la investigación correspondiente y el canciller está comunicando a los consulados de los ciudadanos extranjeros que han perdido la vida», afirmó la mandataria. Añadió que se evalúa la clausura temporal del aeropuerto del que partió la aeronave.

El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo activó los protocolos de la Red de Protección al Turista y anunció que brindará apoyo a las embajadas de los países de origen de las víctimas. El Ministerio Público, por su parte, informó que el fiscal provincial Hugo Umiña se trasladó de inmediato al lugar y dispuso el levantamiento de los cuerpos. El Instituto de Medicina Legal se encargará del traslado a la morgue para la identificación y posterior entrega de los restos a los familiares.

Aerodiana emitió un comunicado en el que extendió sus condolencias y señaló que a lo largo de sus 18 años de operación ha mantenido un «compromiso permanente con la seguridad de sus pasajeros y tripulantes». La empresa afirmó su disposición de colaborar con las autoridades en todo lo que sea requerido.

Los detalles cuentan la historia. A la hora del cierre de esta edición, la identidad de los once turistas extranjeros no había sido confirmada públicamente; la Policía permanecía en la zona y las labores periciales continuaban.

Para entender el presente hay que volver a esa semana. El turismo de sobrevuelo sobre las Líneas de Nazca mueve una industria frágil y dependiente de la reputación: un accidente de esta magnitud, con víctimas europeas y cobertura internacional, puede paralizar un sector que representa ingresos vitales para la región Ica. La decisión del gobierno de evaluar la clausura temporal del aeropuerto de origen es el primer reflejo de esa presión.

Lo que está en juego va más allá del duelo inmediato. El Estado peruano tiene ahora la oportunidad —y la obligación— de demostrar que los protocolos de seguridad aérea para vuelos turísticos son rigurosos y que la regulación no es letra muerta. La libre empresa en el sector turístico solo prospera cuando el marco normativo garantiza estándares reales, no declaraciones de compromiso. Si la investigación revela fallas en la supervisión, el costo no lo pagará únicamente Aerodiana: lo pagará toda la industria, y con ella, la economía de miles de familias que dependen del turismo en el sur del Perú.

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