Juan Manuel Hincapié Espinosa, de 17 años y estudiante de décimo grado de la Institución Educativa Rural San Isidro, murió ahogado en una laguna de la vereda La Chorrera, en zona rural de Santa Rosa de Osos, Antioquia.
La tragedia ocurrió el lunes 5 de octubre, hacia las 4:00 o 5:00 de la tarde, cuando el joven estaba con su padre en una finca pequeña de la vereda. Según relató el alcalde, Bernardo Molina, a EL COLOMBIANO, ambos estaban faenando una vaca de la familia que había muerto para aprovechar la carne.
El padre fue hasta la casa por unos costales para guardar la carne. Mientras tanto, el joven habría dejado a un lado su ropa y su celular. Cuando el padre regresó, ya lo encontró bajo el agua.
«El joven se quedó solo, se tiró a bañar en el lago y se ahogó», dijo el mandatario. Sin embargo, el alcalde también aclaró que no está establecido cómo ocurrió el ahogamiento. Dijo que se trata de una laguna pequeña pero profunda, una especie de hueco.
«En todo caso, lo encontraron muerto al interior de una laguna que tiene la quebrada», señaló Molina. La desaparición se reportó el mismo lunes y el cuerpo se encontró ese mismo día.
Bomberos tardaron en llegar por la larga distancia, ya que la vereda queda a hora y media de Santa Rosa. «Bomberos llegó a esa vereda y a las 10 de la noche lo sacaron del lago», aseguró el alcalde.
San Isidro, donde queda la vereda, es una zona caliente del municipio, cafetera y panelera, que queda frente a Porce, explicó Molina. También aclaró que este tipo de emergencias son poco habituales allí.
La Alcaldía anunció acompañamiento para los familiares y expresó sus condolencias. «Tenemos personal allá, mandamos un sentimiento de condolencias a la familia», indicó Molina, quien confirmó que representantes de la administración municipal acompañarán a los allegados durante las exequias.
La muerte de Juan Manuel, que cursaba décimo grado, también genera tristeza entre la comunidad educativa de la Institución Educativa Rural San Isidro.
La escena lo dice todo. En una zona rural donde el trabajo familiar marcaba la jornada, una vida terminó en minutos en una laguna pequeña pero profunda. El episodio no deja más que duelo, pero también deja una imagen incómoda: la de un territorio donde una emergencia puede tardar horas en resolverse por la distancia y la difícil geografía.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El caso recuerda que, en el campo, el margen entre la rutina y la tragedia puede ser mínimo. Cuando el Estado llega tarde, la vulnerabilidad pesa más. Y aunque aquí no hay debate fiscal ni reforma pendiente, sí hay una exigencia básica de orden y presencia institucional: respuesta oportuna, acompañamiento real y condiciones mínimas para que una familia no quede sola frente al desenlace.


