La escena lo dice todo.
Era un examen que el College Board reserva para el décimo grado: 55 preguntas de opción múltiple, tres ensayos cortos y dos largos, con el 60% de la calificación basada en escritura analítica. El tema, la historia del mundo desde 1200 hasta el presente. Los estudiantes que lo presentaron en el Centro Javits de Manhattan tenían 13 y 14 años. Y los 47 octavos grados de Success Academy Harlem West Middle, en Harlem, lo aprobaron todos. Sin excepción.
El 89% alcanzó nivel 4 o 5, la banda de calificación más alta. El 11% restante obtuvo un 3, que es nota de aprobación. Ninguno reprobó.
Los detalles cuentan la historia. El 77% de esos estudiantes proviene de familias de bajos ingresos. El 70% es negro y el 28% hispano. Son exactamente el perfil demográfico que el sistema educativo público de Nueva York ha fallado de manera sistemática: según datos citados por el propio medio, los estudiantes negros e hispanos representaron apenas el 13.4% y el 19.6%, respectivamente, de quienes aprobaron al menos un examen AP en la ciudad el año pasado.
«Obtener un 5 en el AP World Exam como estudiante de octavo grado fue uno de los mayores logros de mi vida», dijo Hunter Tittle, de 14 años, en declaraciones al New York Post. «Usaré mi propia experiencia para demostrar a mi comunidad que, sin importar de dónde vengas, siempre puedes tener éxito».
Su profesor de historia, Luke Mitchell, cuyo currículo de historia mundial comienza desde el quinto grado, fue señalado por varios estudiantes como el artífice del resultado.
El caso no es aislado dentro de la red. En mayo, más de 3,000 estudiantes de Success Academy presentaron en total casi 8,000 exámenes AP, un volumen tan grande que las pruebas debieron administrarse en el Centro Javits. La red reporta que el 95% de su generación graduanda de 2026 —en su mayoría niños de color de bajos ingresos— aprobó tres o más exámenes AP; el 79% aprobó cinco o más, y el 60% obtuvo calificaciones aprobatorias en siete o más. En contraste, menos del 25% de todos los estudiantes del país aprueba al menos un examen AP antes de graduarse de la preparatoria.
En AP Cálculo, la tasa de aprobación de Success Academy fue de 61%, ligeramente por debajo de la tasa global, pero el porcentaje de sus estudiantes que alcanzó las calificaciones más altas de 4 y 5 fue seis puntos superior al promedio mundial. La red superó las tasas globales de aprobación en nueve áreas temáticas.
Success Academy opera 59 escuelas charter en la ciudad. Actualmente hay 285 charter schools en Nueva York, con 150,500 estudiantes inscritos, equivalente al 16% del total de alumnos en escuelas públicas. La red abrirá su cuarta preparatoria el próximo año escolar.
«Creemos profundamente en los niños y estamos comprometidos con la excelencia adulta», declaró Eva Moskowitz, fundadora y directora ejecutiva de Success Academy. «Estos resultados demuestran lo que puede lograr cualquier escuela, distrito o estado cuando la perseverancia triunfa sobre el derrotismo educativo».
Moskowitz ha enfrentado durante años a funcionarios que se niegan a elevar el límite de escuelas charter en la ciudad, e incluso, según el reporte, han respaldado demandas legales para impedir la apertura de nuevas.
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Para entender el presente hay que volver a esa semana en el Javits Center. Lo que sucedió allí no fue un milagro: fue el resultado de un modelo que exige más, invierte en el maestro y trata a los niños de bajos ingresos como capaces de excelencia, no como víctimas de sus circunstancias.
El aparato burocrático y los sindicatos que defienden el statu quo del sistema público han bloqueado la expansión de ese modelo. Mientras tanto, la lista de espera para entrar a una charter school en Nueva York sigue creciendo. La pregunta que estos 47 estudiantes dejan sobre la mesa es incómoda pero necesaria: si este resultado es posible con estos niños, en este barrio, con este modelo, ¿qué justifica seguir limitando el acceso a él?


