Para entender el presente hay que volver a esa semana.
El 31 de julio, la acción de SpaceX cerró en 108,37 dólares. Siete días después, el viernes 8 de agosto, cerró en 133,11 dólares, una ganancia semanal del 22,8 % desde ese mínimo. El lunes siguiente, en las operaciones previas a la apertura, el título cotizaba en torno a los 136,20 dólares, superando por primera vez desde principios de agosto el precio de salida a bolsa de 135 dólares fijado el 12 de junio.
La escena lo dice todo: en su debut bursátil, la acción abrió a 150 dólares y llegó a tocar un máximo intradía de 225,64 dólares cuatro días después. Luego vino la corrección, hasta un mínimo de 108,27 dólares. La caída concentró la atención de analistas y minoristas por igual.
Tres palancas del rebote
La recuperación no fue producto de un solo catalizador. Tres factores confluyeron en la misma ventana de tiempo.
Primero, Argus Research elevó su calificación a «Compra» y estableció un precio objetivo de 160 dólares, lo que implica una subida potencial de aproximadamente el 17 % respecto a los niveles previos a la apertura del lunes.
Segundo, la oleada de ventas de insiders que muchos temían no llegó con la fuerza anticipada. El 6 de agosto quedaron habilitados para la venta 911,5 millones de títulos. Entre jueves y viernes se negociaron aproximadamente 497 millones de acciones —el 54,6 % del bloque desbloqueado—, pero el valor no cedió: subió un 6 % el jueves y registró el mayor salto diario desde el debut el viernes, con una subida del 15,83 %.
Tercero, y quizás el más resonante para el mercado, SpaceX y Tesla anunciaron conjuntamente la construcción del complejo de semiconductores «Terafab» en el condado de Grimes, Texas. La inversión inicial asciende a 16.800 millones de dólares, con un potencial de alcanzar los 119.000 millones a lo largo de varias etapas. La planta proyecta una capacidad anual de un teravatio de cómputo y la creación de al menos 3.000 puestos de trabajo.
Los números del trimestre
El 4 de agosto, SpaceX presentó su informe trimestral. Los ingresos alcanzaron los 7.814 millones de dólares, un crecimiento interanual del 92 % que superó las estimaciones de Wall Street. Starlink, el servicio de internet satelital de la compañía, llegó a 12 millones de suscriptores activos.
Elon Musk, en la presentación de resultados, afirmó: «estamos construyendo capacidad de cómputo de IA a escala más rápido que nadie, creemos, y estamos mejorando significativamente nuestros modelos de IA».
Los detalles cuentan la historia. Durante el segundo trimestre de 2026, las inversiones de capital dedicadas a inteligencia artificial alcanzaron los 15.830 millones de dólares, elevando el gasto total de capital a 18.400 millones en el periodo. Esa cifra generó dudas entre analistas especializados en la generación de caja a corto plazo.
Vanda Research señaló que los inversores minoristas mantienen la visión de SpaceX como una historia vinculada a la inteligencia artificial, diferenciándola de otras compañías del sector aeroespacial. Ese reencuadre narrativo —de empresa de cohetes a plataforma de IA— ha sostenido la demanda de acciones, especialmente tras el anuncio de Terafab.
Con todo, Carolane de Palmas, analista de ActivTrades, advirtió que «incluso sin ventas masivas, el aumento de acciones disponibles probablemente mantendrá la volatilidad elevada».
La lectura de Hemisferio
Terafab es, ante todo, una apuesta por la reindustrialización tecnológica en suelo estadounidense: 16.800 millones de dólares privados, 3.000 empleos directos y capacidad de cómputo a escala de teravatio, sin un dólar del contribuyente en el anuncio inicial. Es el tipo de inversión que los mercados premian cuando el marco regulatorio y fiscal lo permite, y que los gobiernos suelen reclamar como propio cuando llegan los titulares.
El riesgo real no está en la narrativa de la IA, sino en la sostenibilidad del gasto de capital: 18.400 millones en un solo trimestre es una apuesta enorme sobre la demanda futura de cómputo. Si esa demanda se materializa, SpaceX habrá ganado la carrera. Si los datos macroeconómicos giran, la volatilidad que De Palmas anticipa tendrá razones más profundas que el calendario de ventas de insiders.



