Ya tenían diez canciones listas. Un año de demos, decisiones estéticas y sesiones de preproducción. Pero en algún punto del proceso, la banda chilena Adelaida notó que el disco pedía más. «Ahí dijimos que le faltaba como una parte B», recuerda Claudio «Jurel Sónico» Manríquez, cantante y guitarrista del grupo. Lo que vino después fue una segunda sesión de grabación, compuesta y registrada una vez que el resto del álbum ya estaba cerrado.
El resultado es Superclub, catorce canciones que recorren el arco estilístico completo de una banda que lleva más de una década en circulación: desde los temas más pesados —Hundido, Orates— hasta las texturas más abiertas de Cordillera y Suspendido. El cuarteto lo completan Anke Steinhofel en bajo y coros, Joaquín Roa en guitarra y Tomás Pérez en batería.
La primera canción trabajada fue Sangriento. «Ese es nuestro favorito», dice Jurel. «Ese define esta evolución de Adelaida, pero sigue siendo Adelaida. Quisimos volver un poco a las guitarras más pesadas, a las partes un poco más densas, pero nunca olvidando el pop». La fórmula no es nueva para el grupo, pero en Superclub aparece con más capas, literalmente: Jurel grabó al menos seis capas de guitarras por tema; Roa, tres. «Quisimos hacer este sonido wall of sound más grande», explica el cantante, que cita a Kurt Cobain en Nevermind como referencia directa para ese procedimiento.
La escena lo dice todo: el disco fue financiado íntegramente por la banda. «No teníamos plata para hacer este disco, postulamos a un par de fondos, lamentablemente no nos ganamos y dijimos: ya, vamos, que no sea un impedimento la plata para hacer esto», cuenta Jurel. Las baterías se grabaron en un estudio contratado; el resto, en un mini estudio de un amigo. La preproducción fue la inversión real: tomas bien pensadas, decisiones tomadas antes de entrar a la sala.
Para el mastering, el grupo recurrió a Chris Koltay, productor estadounidense que ha trabajado con The War on Drugs, Deerhunter, Liars y Metz. Koltay recibió los stems del disco completo —una hora de material— y lo escuchó, según Jurel, unas seis veces. «Se involucró harto en el disco».
La canción que da nombre al álbum concentra la tensión central del proyecto: guitarras con efectos, voz gritada y saturada de Jurel alternando con la voz más dulce de Steinhofel, todo montado sobre una letra de desesperanza. «Superclub es un poco este lugar que es fácil entrar, pero difícil salir», explica el cantante. «Es un poco este laberinto vertiginoso de círculos viciosos, amistades pencas. Es como Hotel California, por así decirlo».
Steinhofel toma la voz solista en Nadie Más, uno de los momentos más melancólicos del repertorio. «Creo que da un respiro bacán en un disco escuchar un tema donde la lead singer es la bajista», dice Jurel.
La renovación de la formación —con la entrada de Pérez en batería y la consolidación de Steinhofel y Roa— aparece como el factor que explica el salto de intensidad. «El Lele es más Ringo, de esos bateros más creativos, y Tomás es mucho más Keith Moon, tiene un toque más fuerte», dice Jurel sobre el cambio respecto al baterista fundador Gabriel Holzapfel. El upgrade sonoro en vivo, según el cantante, ya se había insinuado en Retrovisor (2023).
La experiencia acumulada —Jurel ha grabado a otros artistas y ha trabajado con productores como Jack Endino y Pablo Giadach— fue la herramienta que suplió el presupuesto ausente. «Creo que fue el momento para poner en prueba esa experiencia, el haber aprendido con ellos», resume.
Superclub es, en ese sentido, un caso de manual sobre lo que puede hacer la libre empresa creativa cuando el aparato de fondos públicos no responde: invertir el capital propio, optimizar los recursos disponibles y apostar por la calidad de la preproducción. La banda no esperó el subsidio. Grabó. El disco existe porque sus autores decidieron que la falta de dinero no sería el argumento para no hacerlo. En un ecosistema musical donde los fondos estatales funcionan como árbitros del qué se produce y cuándo, Superclub recuerda que la mejor garantía de un disco es, todavía, la convicción de quienes lo hacen.



