Ciudad de México fue la escala elegida para presentar una de las apuestas del año de Hollywood. Los protagonistas de ‘Street Fighter’ llevaron la lucha del videojuego al cine en un evento donde los personajes de la saga compartieron foco con Jason Momoa y Andrew Koji, dos de los nombres más visibles del reparto.
La reunión tuvo lugar en la capital mexicana, donde aficionados de la franquicia de Capcom se dieron cita para ver de cerca a los actores de la adaptación cinematográfica. La empresa japonesa ha vendido más de sesenta millones de copias de sus videojuegos, un dato que ayuda a medir el tamaño comercial de la marca que ahora intenta extender su peso del mando a la pantalla grande.
Para Koji, que interpreta a Ryu, la franquicia no es un encargo más. El actor británico de ascendencia japonesa dijo a EFE: «Yo era fan de Ryu mientras crecía. Jugaba con Ryu porque es un personaje japonés, y quería asegurarme de que los niños que fueran creciendo como yo pudieran jugar con este personaje o verlo en esta película y decir: ‘Me gusta’».
Koji, conocido por ‘Warrior’ (2019-2023), también admitió la presión que ha acompañado el proyecto. Según dijo, Ryu «ha vivido durante mucho tiempo en el corazón y la mente de los fans», y por eso el equipo cargó con «mucha» presión para adaptar el videojuego a la gran pantalla.
La historia de ‘Street Fighter’ (2026) parte del reencuentro entre Ken, interpretado por Noah Centineo, y Ryu, después de haberse apartado de los rings de lucha. En el centro aparece la misteriosa Chun-Li, encarnada por Callina Liang, quien los recluta para participar en su mayor reto: el Torneo Mundial de Guerreros.
Momoa también reclamó su sitio en esa reconstrucción cinematográfica. Mientras rodaba ‘Minecraft’ (2025), bromeó con los productores para quedarse con Blanka. «Amigo, tengo que interpretar a Blanka!», recordó haberles dicho. El actor, famoso por haber interpretado a Aquaman, señaló que dar vida al personaje resultaba especialmente importante para él porque era alguien con el que creció.
La escena lo dice todo. Hollywood sigue apostando fuerte por franquicias capaces de movilizar una base global de fanáticos ya instalada, y lo hace con una lógica que premia el reconocimiento antes que el riesgo. En este caso, el presupuesto de cien millones de dólares deja claro que la industria no se está jugando poco.
La presencia de Cody Rhodes añadió otro ingrediente de espectáculo. Una de las mayores estrellas del wrestling fue recibida con aplausos y vítores en la tierra de la lucha mexicana. Rhodes, tres veces campeón de la WWE, formó parte de un reparto que entrenó durante tres meses para la película.
Rhodes explicó que el desafío no fue solo físico. Dijo que en el ring está acostumbrado a improvisar intercambios verbales, pero que aquí debía memorizar sus líneas «del derecho y del revés». También agradeció evitar el contacto directo y aseguró sentirse preparado gracias a sus años de experiencia en la lucha libre.
La apuesta tiene fecha marcada: el 14 de octubre. A partir de ese estreno, ‘Street Fighter’ buscará cifras similares a las dos últimas cintas de ‘Mortal Kombat’, también basadas en un videojuego de lucha. El dato importa porque marca la vara con la que Hollywood medirá el resultado comercial del proyecto.
Para entender el presente hay que volver a esa semana en Ciudad de México: una franquicia con más de sesenta millones de copias vendidas, un presupuesto de cien millones de dólares y un reparto que mezcla estrellas de cine, deporte y cultura pop. Los detalles cuentan la historia.
El giro de fondo es conocido. La industria del entretenimiento convierte activos ya probados en productos de alto costo, confiando en que la nostalgia y la marca hagan el trabajo pesado. Si la taquilla responde, la fórmula se reafirma; si no, el golpe lo absorben los inversionistas que pusieron el capital.
En esa ecuación no hay romanticismo, solo riesgo y retorno. Para el público, la promesa es ver a personajes queridos en otra pantalla; para Hollywood, la verdadera prueba es si esa lealtad alcanza para sostener una inversión de cien millones de dólares. Ahí se juega el desenlace.


