La escena lo dice todo. En una estación cuarentenaria de Agua Prieta, Sonora, un becerro con aftas en la boca encendió la alarma sanitaria y obligó a suspender temporalmente la inspección de ganado que va a Estados Unidos.
La Unidad Ganadera Regional de Sonora informó que la exportación de ganado de Sonora a Estados Unidos quedó suspendida luego de que se detectara una lesión sospechosa en un animal durante una inspección. El hallazgo activó los protocolos para descartar fiebre aftosa, una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta al ganado.
La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural activó un protocolo y envió personal de la Comisión México-Estados Unidos para la Prevención de la Fiebre Aftosa y otras Enfermedades de los Animales para atender el caso y tomar muestras. El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria procesará las muestras para identificar el patógeno causante de las aftas.
Las autoridades no han confirmado fiebre aftosa. De hecho, tanto la UGRS como la Sader apuntan a que el caso podría deberse a otras enfermedades vesiculares. Entre las posibles causas también se encuentra la estomatitis vesicular, que puede provocar síntomas similares. El Universal añadió que en el pasado se han identificado como endémicas en Chihuahua y Sonora la estomatitis vesicular y la estomatitis papular bovina.
La Organización Mundial de Sanidad Animal describe la fiebre aftosa como una enfermedad animal transfronteriza que afecta a bovinos, cerdos, ovejas, cabras y otros rumiantes biungulados. Es altamente contagiosa y puede propagarse rápidamente entre animales susceptibles. Además, existen siete serotipos del virus, por lo que la inmunidad frente a uno no garantiza protección frente a los demás.
México mantiene el reconocimiento internacional como país libre de fiebre aftosa sin vacunación, de acuerdo con la información sanitaria de la OMSA. Por eso, confirmar un caso tendría implicaciones importantes para la vigilancia epidemiológica y el comercio ganadero.
El Servicio Nacional de Sanidad señala que el diagnóstico debe confirmarse mediante pruebas de laboratorio. En este caso, especialistas del Centro de Investigación en Salud Animal tomaron una muestra de la lesión y la enviarán a un laboratorio del Senasica en la Ciudad de México para su análisis.
Mientras tanto, la UGRS informó que se realizan labores de limpieza y desinfección en las instalaciones. La Comisión también ordenó el desalojo de los animales que estaban en la estación cuarentenaria, el envío del ganado a su lugar de origen y la desinfección inmediata del lugar.
Como medida adicional, se aplicará un bloqueo temporal de 60 días, mediante el Registro Electrónico de Movilización, al ganado destinado a exportación. La UGRS señaló que, si los resultados descartan la fiebre aftosa, las exportaciones de ganado a Estados Unidos podrían reanudarse el martes 20 de octubre, de acuerdo con el calendario de citas establecido.
Mientras se define el diagnóstico, el giro ya está marcado por una lógica incómoda pero inevitable: la sanidad animal no es un trámite, sino una condición para que el comercio exista. Cuando un país depende de su reputación sanitaria para mover su producción, cada sospecha pesa sobre productores, autoridades y cadenas logísticas por igual.
También queda a la vista el valor de la disciplina regulatoria. La respuesta rápida, las pruebas de laboratorio y la desinfección no son burocracia ornamental; son la defensa mínima del patrimonio ganadero y de la confianza que sostiene las exportaciones. Si el resultado descarta la fiebre aftosa, el daño habrá sido acotado. Si no, el costo de haber fallado en la detección temprana será mucho más alto para el sector y para el dinero que circula alrededor de esa actividad.



