Un sismo de magnitud 5,6 sacudió este domingo varias zonas de República Dominicana. El Centro Nacional de Sismología del país lo registró a las 17:49 hora local, 21:49 GMT, con epicentro en el municipio de Ramón Santana, en la provincia de San Pedro de Macorís, en el este del país.
La profundidad fue de 113,3 kilómetros. En un primer momento, las autoridades dominicanas no informaron daños en infraestructuras ni personas afectadas.
La escena lo dice todo. En Santo Domingo hubo desalojos preventivos en distintos puntos. Según las imágenes difundidas en redes sociales, personas salieron de edificios y otras fueron evacuadas de centros comerciales tras percibir el movimiento telúrico.
También fueron evacuadas de manera preventiva personas que se encontraban en la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, que se celebra en la Plaza de la Cultura de la capital.
El dato del centro sismológico dominicano se conoció después de que el Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS por sus siglas en inglés, reportara una magnitud de 4,8. Más temprano, a las 06:07 de la mañana, se había registrado otro sismo de magnitud 4,3, con epicentro próximo a San Antonio de Guerra, en Santo Domingo.
República Dominicana registra cada mes cientos de movimientos telúricos, por lo general de poca intensidad. El último gran sismo, según la información citada por las fuentes, ocurrió el 22 de septiembre de 2003, con magnitud 6,5, y dejó tres fallecidos, además de graves daños en viviendas y centros comerciales.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El registro histórico más catastrófico citado por las fuentes ocurrió el 4 de agosto de 1946. Tuvo una magnitud aproximada de 7,8 y provocó un tsunami con olas de más de nueve pies de altura, 2,7 metros, que según estimaciones causaron más de 1.000 muertos.
Los detalles cuentan la historia. Esta vez, el golpe fue fuerte pero, al menos en el primer corte de las autoridades, el balance se mantuvo sin víctimas ni daños reportados. La respuesta inmediata fue preventiva, con evacuaciones ordenadas en espacios públicos y comerciales.
En una región donde la actividad sísmica es recurrente, la prioridad es la prevención y la capacidad de reacción. Cuando el temblor obliga a sacar gente de edificios y centros comerciales, el costo no es solo el susto: también es la exigencia permanente de protocolos claros, infraestructura preparada y alertas que funcionen a tiempo.
La seguridad civil no admite improvisación. El episodio de este domingo recuerda que, frente a un fenómeno natural, el Estado y las instituciones locales deben responder con rapidez, información precisa y disciplina operativa. Eso es lo que protege a la gente cuando la tierra vuelve a moverse.


