La escena lo dice todo. Un aeropuerto, una guardia de honor, ningún ministro. Así terminó, este lunes, la semana que Argentina esperaba festejar como campeona del mundo.
Con la derrota en la final del Mundial ya digerida, el Gobierno nacional confirmó que no habrá feriado ni celebración masiva. El recibimiento a la delegación que aterrizará esta tarde en el aeropuerto Ministro Pistarini —previsto para las 18, aproximadamente— será estrictamente protocolar: Granaderos, Fuerzas Vivas y la Fanfarria Alto Perú en la pista, y ningún representante del Poder Ejecutivo.
Fue la propia selección la que cerró la puerta. Según fuentes del Poder Ejecutivo consultadas por La Nación, los jugadores «agradecieron y explicaron que preferían no tener los festejos». La comunicación llegó a través de un allegado a la Secretaría General de la Presidencia, Karina Milei, que mantuvo contacto con dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino para coordinar la llegada del plantel. La respuesta de la AFA se conoció este lunes y fue terminante: sin celebración masiva.
El giro fue veloz. El domingo, el presidente Javier Milei había anunciado públicamente que el día que los jugadores y el cuerpo técnico eligieran para festejar sería declarado feriado nacional. «Dada la inquietud sobre los festejos por el logro alcanzado por la Selección Argentina, comunico a la población que, en función de lo que decidan los jugadores y el cuerpo técnico respecto al día para celebrar, el mismo será declarado feriado nacional», escribió Milei. Desde semanas atrás, además, había puesto a disposición la Casa Rosada y el helipuerto para recibir al equipo.
Esta mañana, cerca del Presidente descartaron que se hubiera tratado de una decisión prematura. «Se puso a disposición como todo lo relativo a la Casa Rosada o el helipuerto o festejos en el Obelisco», graficó una fuente oficial. La lectura del Ejecutivo es que la línea a seguir siempre fue la que impusieran los propios jugadores desde Estados Unidos.
La trastienda revela otro dato: Karina Milei había transmitido al Comité de Seguridad, antes del partido, que el operativo era «apartidario» y requería coordinación entre Nación, Ciudad y provincia de Buenos Aires. «Hay que lograr que la recepción sea la mejor de todas. Coordinada y sin ideologías», fue el mensaje que circuló desde la Secretaría de la Presidencia. Todo ese andamiaje quedó desactivado en pocas horas.
El Ministerio de Seguridad de la Nación precisó el protocolo final: «Serán recibidos por una autoridad del aeropuerto y una guardia de honor de fuerzas federales. Sin ningún funcionario». Desde Ezeiza, el traslado al predio de la AFA estará a cargo de la policía bonaerense. El gobierno de Axel Kicillof tampoco prevé ningún agasajo, según fuentes bonaerenses.
Un detalle adicional marca el tono del regreso: Lionel Messi, el capitán, no estará en la delegación que aterrice esta tarde. Parte del plantel se quedará en Estados Unidos o viajará directamente a Europa para incorporarse a sus clubes o iniciar el descanso, según informó la AFA.
Los detalles cuentan la historia. Mañana habrá actividad normal en Argentina: sin feriado, sin caravana, sin Obelisco.
---
Para Hemisferio, el episodio ilustra algo que va más allá del fútbol. El Ejecutivo de Milei actuó con una lógica que el oficialismo describió como «apartidaria»: poner recursos del Estado a disposición y esperar la señal del sector privado —en este caso, los propios jugadores— antes de comprometer gasto público o movilizar el aparato estatal. Cuando la señal no llegó, el feriado se desactivó sin drama. Es exactamente el tipo de disciplina que los defensores del gobierno limitado suelen reclamar: el Estado como soporte, no como protagonista. Que el festejo no haya ocurrido no es el fracaso de nadie; es, simplemente, que los protagonistas decidieron no festejar. Y esa decisión, en una democracia de mercado, les pertenece a ellos.



