La escena lo dice todo. A pocas horas de que el Senado votara el último artículo de la megarreforma tributaria, Sebastián Sichel —alcalde de Ñuñoa y otrora presidente de BancoEstado— eligió el micrófono abierto para decir lo que otros calculaban en voz baja.
El martes, a las 16:00, la Cámara Alta debía pronunciarse sobre el artículo que restituye a los municipios la misma proporción de recursos que dejarían de percibir por la eliminación de contribuciones a la vivienda. La comisión mixta ya había acordado el mecanismo; la Cámara de Diputados lo había aprobado hace poco menos de dos semanas. El trámite era, sobre el papel, rutinario.
Pero la trastienda era otra historia.
El pleito por la compensación
Sichel respaldó sin rodeos la fórmula de compensación directa a cada municipio. Su argumento: la eliminación de contribuciones a la vivienda ayuda a frenar la gentrificación, y si eso implica ajustarse el cinturón en Ñuñoa, lo acepta. «Si debo apretarme el cinturón para que la gente siga viviendo en Ñuñoa, bienvenido», declaró en el programa Desde la Redacción de La Tercera.
Lo que no aceptó fue la propuesta alternativa impulsada por un bloque de alcaldes de oposición —encabezados, según Sichel, por Tomás Vodanovic, alcalde frenteamplista de Maipú— de canalizar esa compensación hacia el Fondo Común Municipal (FCM) en lugar de distribuirla proporcionalmente.
Los detalles cuentan la historia. Sichel señaló que Maipú ya recibe 75 mil millones de pesos del FCM, una cifra que, según él, supera todo el presupuesto de Ñuñoa, «sin ninguna exigencia». Frente a eso, la demanda de Vodanovic de ampliar el flujo hacia ese fondo le pareció, en sus propias palabras, «sacar las castañas con la mano del gato».
El dardo al Frente Amplio
El momento más áspero llegó cuando Sichel abordó el argumento del FA de que el actual ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, saldría beneficiado con la ley. La respuesta fue directa: «Me pasa con el Frente Amplio que son todos niñitos de elite, lo voy a decir bien duro. Claro, piensan en la situación de sus papás, que es el 0.01% de la vida. El papá de Winter, el papá de Vodanovic. Tienen un problema A que es como el 1% de la población».
Sobre la edad de corte para la exención —65 años o más—, Sichel defendió la universalidad del beneficio: «A los 65 años el Estado nos concede un derecho universal que es a jubilar, no a dejar de trabajar. Esto es una conquista social incluso de sectores de izquierda en el mundo».
El candidato que nadie nombra
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Sichel no limitó su crítica al debate técnico sobre el FCM. Fue más lejos: acusó a Vodanovic de operar ya como candidato presidencial, de haber asumido «el liderazgo de un grupo de alcaldes de su sector, no transversal», y de haber decidido «darle una pelea al gobierno desde el día uno». «No es una pelea sobre presupuesto municipal —dijo Sichel—, sino una pelea sobre cómo le sigo sacando más a otros cuando ya le saco el 65%».
Vodanovic no respondió públicamente durante la transmisión del programa.
Lo que está en juego
El debate sobre la compensación municipal revela una tensión más profunda que un artículo de reforma. Cuando un municipio que ya capta el 65% de su financiamiento del Fondo Común Municipal exige ampliar ese canal en lugar de recibir una compensación proporcional a lo que pierde, la pregunta legítima es quién subsidia a quién y con qué criterio de eficiencia.
Desde Hemisferio, el principio es sencillo: el dinero de los contribuyentes merece reglas claras de distribución, no negociaciones de pasillo que premian el tamaño político de quien más presiona. La compensación directa y proporcional —la que finalmente avanzó en el Congreso— es al menos trazable. El FCM, con sus redistribuciones opacas y sin exigencias de gestión, es el tipo de aparato estatal que desincentiva la eficiencia local y premia la dependencia. Que un alcalde de oposición haya preferido ese camino dice más sobre sus ambiciones electorales que sobre las necesidades reales de sus vecinos.



