La escena lo dice todo.
Frente a los medios de comunicación, Mitzuko Márquez, presidenta de Morena en el estado de Colima, lanzó un mensaje que resumió en pocas palabras la actitud del aparato oficialista hacia quienes disienten: si no eres feliz en México, deberías retirarte.
El llamado no fue dirigido exclusivamente a los opositores históricos del PAN y el PRI, a quienes Márquez acusó de haber «generado la mayor ola de violencia en el país». La funcionaria extendió la invitación a un público más amplio: ciudadanía, empresarios y medios de comunicación. Todos, según ella, deberían «cerrar filas» con la presidenta Claudia Sheinbaum y su proyecto de gobierno.
«Este país es maravilloso, es grandioso. Tiene una economía estupenda», afirmó Márquez, citando un listado de logros económicos que, según dijo, la presidenta Sheinbaum había presentado días antes. La participación de México como anfitrión del Mundial 2026 fue invocada también como prueba de esa «grandeza» que, a su juicio, obliga a la lealtad.
El contexto inmediato de sus declaraciones no es menor. Los comentarios ocurrieron en medio de críticas al gobierno de la llamada 4T por su actuación en el secuestro y captura de Ismael «El Mayo» Zambada el 25 de julio de 2024, así como por la entrega del piloto involucrado en el operativo y la falta de coordinación con Estados Unidos en el caso.
Una carrera dentro del aparato
Márquez es licenciada en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad de Colima. Comenzó su trayectoria política en las filas del PRD como asistente en el Congreso local, pasó por la dirección de Comunicación Social del ayuntamiento de Armería y llegó a la subdirección de asuntos jurídicos en el Senado de la República en 2007. En 2012 fue precandidata al Senado por una coalición con el naciente Morena. Más adelante, en 2013, se incorporó al gobierno de Miguel Ángel Mancera en la Ciudad de México como jefa de unidad departamental de gestión para organización del trabajo y la previsión social. Tras regresar a Colima, asumió la secretaría general de Morena en la entidad, trabajando junto a la gobernadora Índira Vizcaíno Silva, hasta alcanzar la presidencia estatal del partido.
Es, en suma, una figura construida enteramente dentro de la burocracia y el aparato partidario: alguien para quien el Estado no es un árbitro sino una causa.
El giro que incomoda
La declaración fue polémica, según recogió El Financiero, precisamente por su generalización. Al incluir a empresarios y medios en la misma categoría de «infelices» que deben emigrar, Márquez no habló solo de adversarios políticos: habló de actores económicos y periodísticos cuya función es, por definición, observar, cuestionar e invertir con independencia del gobierno de turno.
Los detalles cuentan la historia. No fue un exabrupto aislado en un mitin caldeado. Fue un mensaje a medios, calculado, en el que la presidenta de Morena en Colima articuló una visión del país donde la disidencia es incompatible con la permanencia.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. Las presiones sobre el gobierno de Sheinbaum por el caso Zambada estaban en su punto más alto. La respuesta del aparato oficialista, al menos en Colima, no fue la rendición de cuentas ni la transparencia: fue la expulsión simbólica de quienes preguntan.
La lectura de Hemisferio
Lo que Márquez expresó no es una rareza: es la lógica natural de un movimiento que concibe el poder como propiedad y la crítica como traición. Cuando una funcionaria de partido le dice a los empresarios que si no están conformes se vayan, no está haciendo un llamado a la unidad nacional; está enviando una señal sobre el costo de disentir. Esa señal la reciben quienes invierten, quienes contratan, quienes publican.
El libre ejercicio de la crítica —por parte de medios, empresarios o ciudadanos— no es un privilegio que el oficialismo otorga ni puede retirar. Es la condición mínima de un Estado de derecho funcional. Cuando un partido gobernante comienza a cobrar ese derecho con la sugerencia del exilio, el problema no es la infelicidad de los críticos. El problema es el talante de quienes mandan.



