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Seis disparos en una avenida de Mi Perú: el crimen que expone el vacío de autoridad en el Callao

El asesinato de Sergio Zumba Amazifuen, de 20 años, y la denuncia de su familia contra la comisaría del distrito reabren la pregunta de quién controla realmente las calles del primer puerto.
Imagen ilustrativa
domingo 6 de septiembre de 2026

La escena lo dice todo. Sobre el pavimento de una avenida de Mi Perú, en el Callao, quedaron marcas de tiza donde antes hubo sangre. Ahí, según la información difundida sobre el caso, dos hombres en una moto lineal se acercaron a Sergio Zumba Amazifuen, de 20 años, y abrieron fuego a corta distancia mientras el joven permanecía detenido en plena vía pública.

Una familiar de la víctima relató que Zumba Amazifuen recibió seis disparos y que no tuvo oportunidad de defenderse. La mujer exigió una investigación inmediata y afirmó que otros integrantes de su entorno familiar también habían sido víctimas de hechos violentos, un patrón que, según dijo, alimenta el miedo entre sus allegados.

Existen registros audiovisuales que mostrarían parte de la secuencia previa y posterior al ataque, pero corresponde a las autoridades determinar su autenticidad y su utilidad para identificar a los responsables. Hasta el momento no se ha informado de detenidos ni de una hipótesis oficial sobre el móvil del crimen. La investigación deberá establecer si el joven era el objetivo directo de los agresores o si el hecho respondió a amenazas o conflictos previos.

Los detalles cuentan la historia también en la forma en que la familia describe la respuesta policial. La familiar cuestionó el desempeño de la comisaría de Mi Perú y denunció que el personal no habría actuado con la diligencia debida tras el asesinato, e incluso sostuvo que existiría información o pruebas que no se habrían incorporado a tiempo a las diligencias. Se trata de una acusación de parte, que las instancias competentes deberán corroborar, pero que retrata la desconfianza ciudadana hacia la respuesta del Estado frente al crimen organizado.

El caso de Zumba Amazifuen no ocurre en el vacío. Días antes, la Policía Nacional detuvo en el Callao a Jason Gómez Antola, de apenas 20 años, alias "Borra Cara", presunto sicario de la banda Los Al-Qaedas del Puerto. El general Marco Antonio Ponce, jefe de la Región Policial Callao, explicó a Exitosa Noticias el origen sangriento del apodo: "cuando se enfrenta a una de sus víctimas o sus rivales, los asesina y les dispara para darle o impactarle todos los proyectiles en el rostro", detalló. Ponce confirmó que el detenido también es investigado por presuntas actividades de extorsión, el negocio que hoy sostiene a buena parte de las bandas del primer puerto.

La violencia en el sector no se limita a los homicidios directos. Una ráfaga de más de veinte disparos sacudió durante la madrugada el sector N de Mi Perú, cuando dos sujetos llegaron hasta el pasaje Juanita y dispararon contra la vivienda de una dirigente vecinal antes de huir hacia Perú 2000. La propietaria aseguró a Latina Noticias que nunca había recibido amenazas previas: "Espero que sea una confusión", dijo. Ese ataque ocurrió pocos días después de que una granada y una nota amenazante fueran halladas frente a la sede del Poder Judicial en el Callao, aunque las autoridades no han informado de un vínculo entre ambos episodios. Por el ataque contra la vivienda, dos personas fueron detenidas, entre ellas un menor de edad.

Para entender el presente hay que volver a esa secuencia de semanas: un joven ejecutado a plena luz de una avenida, un sicario de veinte años que desfiguraba a sus víctimas por encargo, una dirigente vecinal atacada en su propia casa y una fiscalía que todavía no logra fijar un patrón claro entre tantos hechos de sangre en un mismo distrito.

Lo que queda expuesto en Mi Perú es la distancia entre el discurso oficial sobre seguridad y la vida cotidiana de sus vecinos, que hoy conviven con sicariato, extorsión y ataques armados sin que exista, todavía, una sola detención por el asesinato de Zumba Amazifuen. Cuando una familia debe salir a denunciar públicamente a la propia comisaría del barrio para que su caso avance, la pregunta ya no es solo quién disparó, sino quién responde por la ausencia de autoridad en esa avenida.

El Callao, puerto estratégico para el comercio y la inversión del país, no puede permitirse ser también la vitrina de la impunidad. Cada ataque sin esclarecer erosiona algo más que la tranquilidad de una cuadra: mina la confianza de quienes intentan vivir, trabajar o invertir con las reglas en la mano, mientras las bandas imponen las suyas a punta de pistola.

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