La escena lo dice todo. En el edificio de calle Corrientes, mientras afuera Rosario se preparaba para el Congreso Aapresid, adentro se cerraban 120 reuniones individuales entre fundadores de startups y representantes de fondos de inversión. Sin subsidios anunciados desde un atril. Sin burocracia que intermediara. Solo proyectos buscando capital y capital buscando proyectos.
Esa fue la lógica del BCR Agtech Forum, el encuentro organizado por la Bolsa de Comercio de Rosario bajo el lema «Conectar para transformar el futuro del agro». La convocatoria fue récord: más de 800 inscriptos, 40 startups y 23 representantes de fondos de inversión, productores y empresas, según informó la propia institución.
El presidente de la BCR, Pablo Bortolato, abrió la jornada con un mensaje que mezcló balance y apuesta. «Año tras año estamos marcando un camino porque la concurrencia es cada vez mayor. Poder conectarnos alrededor de algo que es un bien para todos, como la innovación, es muy importante», sostuvo. Y fue más allá: anticipó que la BCR proyecta poner en funcionamiento durante el próximo año un hub de innovación dentro de su propio edificio institucional. «Estamos apostando a eso porque es uno de los caminos que, sin dudas, tenemos que transitar», señaló.
La institución, en otras palabras, no espera que el Estado construya la infraestructura del futuro. La construye ella misma.
El otro protagonista de la apertura fue Marcelo Torres, presidente de Aapresid, quien trazó una línea histórica para entender el momento. «En los años noventa no hablábamos de Agtech, pero sí de agronomía y de mercados. Hoy el agro atraviesa desafíos y buena parte de ellos se va a resolver con tecnología», afirmó. Su definición más contundente fue reservada para las empresas de tecnología agropecuaria: las llamó «la nueva siembra directa», por su capacidad para modificar procesos y abrir paso a un nuevo paradigma productivo. La comparación no es menor. La siembra directa transformó la pampa húmeda desde abajo, impulsada por productores y no por planificadores centrales. Torres sugiere que el ciclo se repite.
La agenda del foro recorrió distintos eslabones de la cadena agroalimentaria. Hubo bloques dedicados al financiamiento de la innovación en Argentina, al liderazgo empresarial y a la incorporación de nuevas soluciones tecnológicas. También se analizó el uso de drones en agricultura y ganadería, la biología digital y la manera en que la inteligencia artificial está acelerando el desarrollo de nuevos bioproductos. El programa incluyó además una sesión de presentaciones de startups orientadas a resolver problemas concretos de la producción.
Los detalles cuentan la historia. Las 120 reuniones individuales no fueron paneles ni conferencias magistrales: fueron conversaciones a puerta cerrada entre quien tiene un problema técnico y quien tiene el capital o la solución para resolverlo. Ese formato —deliberadamente mercantil, deliberadamente práctico— es el corazón del modelo.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. El foro se realizó en la antesala del Congreso Aapresid, lo que convirtió a Rosario en el nodo visible de un ecosistema que combina agronomía, tecnología y finanzas. La ciudad que históricamente procesó la soja ahora procesa también datos, algoritmos y rondas de inversión.
La lectura de Hemisferio es directa. Lo que ocurrió en el edificio de calle Corrientes es un recordatorio de lo que el sector privado puede hacer cuando opera con reglas claras y sin que el aparato estatal le administre el ritmo. Cuarenta startups compitiendo por atención, veintitrés fondos evaluando riesgo, ochocientas personas apostando tiempo a un encuentro que no tiene entrada gratuita garantizada por ningún ministerio: eso es libre empresa funcionando. El hub de innovación que la BCR planea abrir el próximo año en su propio edificio es, en ese sentido, más que una apuesta institucional. Es una declaración de principios sobre quién debe liderar la transformación productiva de Argentina.



