La escena lo dice todo. Mientras se oficializaba la velada «Canelo vs. Mbilli» para el 31 de octubre en Riad, la ciudad quedaba marcada por una noticia distinta y mucho más grave: la confirmación de que tres seres humanos perdieron la vida en ataques contra el Aeropuerto Internacional Rey Khalid.
Esa coincidencia cambió el eje de la conversación. Ya no se trata solo de una gran cartelera de boxeo, sino de una pregunta básica de seguridad. ¿Existen condiciones para celebrar la función en esa ciudad o será necesario cambiar de sede? Por ahora, no existe anuncio oficial al respecto.
La función fue bautizada «México contra el resto del mundo», un nombre que apela al orgullo boxístico mexicano y a una tradición que ha dado figuras de talla mundial. La pelea estelar, además, suma interés por el regreso de Canelo después de perder ante Crawford, pasar por una cirugía y permanecer más de un año sin competir.
El escenario deportivo de Riad no es ajeno a grandes eventos. Ernesto Amador dice que conoce el esplendor de sus escenarios deportivos y que tuvo la fortuna de asistir a Usyk vs. Fury II en el Kingdom Arena. Esa referencia ayuda a dimensionar la apuesta de llevar una velada de este tamaño a Arabia Saudita.
Pero la incertidumbre actual ya no es deportiva. Es logística, es de seguridad y, en el fondo, es una cuestión de responsabilidad. Cuando la vida de las personas entra en la ecuación, los cinturones, los millones y el espectáculo quedan en segundo plano.
Turki Alalshikh anunció la cartelera en sus redes sociales mientras enfrenta, según sus propias declaraciones, problemas de salud. En esa misma cartelera, el combate principal enfrenta a Canelo con Mbilli, campeón mundial de las 168 libras del CMB, nacido en Camerún y radicado en Canadá. Amador lo describe como un rival peligroso por su pegada, resistencia y valentía, aunque cree que su estilo favorece a Canelo.
El mexicano llega con dudas y con expectativa. El propio Amador se pregunta si volverá a coronarse y cómo lucirá en la recta final de su carrera. También apunta que el descanso puede devolverle a un peleador renovado y sumamente peligroso o a uno oxidado por la inactividad. Él se inclina por lo primero.
La coestelar también deja lecturas sobre las contradicciones del boxeo. Jaime Munguía enfrentará al invicto ruso Nikita Zon, mientras Bektemir Melikuziev, primer clasificado de la AMB en las 168 libras, ya disputó dos eliminatorias y, en palabras del columnista, parecería justo que recibiera su oportunidad titular. El organismo sostiene que no autorizó Munguía vs. Zon, aunque el propio Amador advierte que muchas veces sus decisiones terminan acomodándose a intereses ajenos al deporte.
En la misma función, Rafael «Divino» Espinoza expondrá su título pluma OMB ante el venezolano Lorenzo Parra. Lindolfo Delgado, con marca de 24-0 y 16 KO, buscará el campeonato vacante FIB de las 140 libras ante el ruso Arthur Biyarslanov, con récord de 21-0 y 17 KO. Alan David Picasso tendrá un reto de alto nivel frente al filipino Carl Martin, invicto en 28 compromisos y con 21 nocauts. Héctor «Diamante» Aguirre, 14 veces campeón nacional de México, se medirá con el cubano Brayan León en un duelo de invictos a 8 rounds y en un peso pactado de hasta 170 libras.
El desenlace de esta historia no depende solo de quién gane arriba del ring. Depende, antes que nada, de si la función puede realizarse sin poner vidas en riesgo. Y ahí no debería haber margen para la ambigüedad.
Para una industria acostumbrada a medir todo en campeonatos, taquilla y expectativa, la prioridad elemental es otra: la seguridad de las personas. Ese es el piso mínimo que ningún espectáculo puede darse el lujo de ignorar. Si Riad no ofrece condiciones claras, el cambio de sede no sería una molestia menor, sino una decisión sensata.
La gran noche del boxeo puede esperar. La vida, no.


