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Responsabilidad individual y mora récord

Con la irregularidad en créditos de hogares en el nivel más alto en más de 20 años, Milei descartó intervención estatal y defendió que la solución pasa por acuerdos entre privados y mejora macroeconómica.
Imagen ilustrativa
lunes 3 de agosto de 2026

La escena lo dice todo. Un periodista pregunta por las familias que no pueden pagar sus créditos. El presidente Javier Milei responde con una pregunta de vuelta: «¿Les pusieron una pistola en la cabeza para hacerlo?». En esa frase cabe toda una filosofía de gobierno.

La morosidad del sistema financiero volvió a aumentar en mayo. La irregularidad en los créditos de los hogares trepó al 12,8%, el nivel más alto en más de 20 años. Los créditos personales exhiben el mayor nivel de irregularidad: 15,9% en mayo, 10,4 puntos porcentuales por encima del mismo mes del año anterior. Las tarjetas de crédito registraron una mora del 13,1%, y los préstamos con garantía prendaria, del 7,7%. Los créditos hipotecarios mostraron el menor deterioro, con 1,6%.

Detrás de esos porcentajes hay personas concretas. Según datos citados por la consultora Equilibra, 1,3 millones de personas presentan atrasos simultáneamente en sus obligaciones con bancos y con entidades no financieras. Ese grupo representa el 17% de las 7,6 millones de personas que operan en ambos canales de financiamiento, una situación que la misma consultora define como morosidad «por partida doble».

Milei atribuyó parte del fenómeno a la oposición: «Es uno de los efectos colaterales de los ataques del kirchnerismo». Pero el grueso de su argumento apuntó hacia otro lado: la responsabilidad individual. «Obviamente quien se endeuda es responsable de esa decisión», afirmó en diálogo con LN+. Y fue más directo aún al descartar medidas de alivio estatal: «Si yo me meto entre los privados, le voy a tener que tocar el bolsillo a otro, y eso me parece que está mal».

Para el Presidente, la refinanciación que están realizando la mayoría de los bancos «es un problema entre privados». «De hecho, nosotros fomentamos la refinanciación», aseguró. La lógica es que el Estado no debe sustituir los acuerdos que los deudores y las entidades financieras pueden alcanzar por su cuenta.

La estrategia macroeconómica, según Milei, es el verdadero alivio de fondo. Señaló que la mejora en la calificación crediticia de Argentina por parte de tres agencias de riesgo permitirá reducir el riesgo país y, en consecuencia, abaratar el costo del financiamiento. «Bajar la inflación también ayuda a tener tasas de interés más bajas y plazos de financiamiento más largos», explicó. Citó un dato concreto: el riesgo país, que tras las elecciones estaba en 1.500 puntos, se ubica hoy en 420. «La economía argentina, con un riesgo país de 500 puntos, puede crecer entre un 7% y un 8%», proyectó.

Sobre la pobreza, el mandatario afirmó que heredó un 57% y que hoy se ubica en el 29%. «Es un montón. La dirección es la correcta», sostuvo. En diálogo con Radio Mitre agregó: «No somos Suiza, pero estamos mucho mejor; si hay gente que no llega a fin de mes, es mucho menos que lo que había cuando nosotros iniciamos».

Milei fue categórico respecto del calendario electoral: su estrategia fiscal y monetaria no cambiará. «No voy a hacer populismo. Voy a morir con las botas puestas. No me voy a mover de hacer las cosas bien», cerró. Y sobre eventuales medidas de alivio al consumo: «No voy a entregar mi reputación y legado histórico haciendo la barrabasada que hizo el kirchnerismo».

Los detalles cuentan la historia. El debate sobre la mora no es solo técnico: es la disputa entre dos modelos de relación entre el Estado y el ciudadano. Milei elige el más exigente —y el más coherente con la lógica del libre mercado—: quien toma un crédito asume un compromiso, y el aparato estatal no existe para absorber las consecuencias de decisiones individuales a costa del contribuyente. El riesgo de esa postura es político: 1,3 millones de personas en mora doble son votantes con nombre y apellido. Pero la alternativa —subsidios, condonaciones, intervención forzosa en contratos privados— tiene un precio que Argentina ya pagó varias veces y que siempre terminó en la factura de todos. La pregunta que queda abierta es si la mejora macroeconómica llegará a tiempo para que las tasas bajen antes de que la mora se convierta en crisis sistémica. Por ahora, el Presidente apuesta a que sí.

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