El ministro de Defensa de Reino Unido, Wes Streeting, reafirmó este sábado el compromiso de su país con las Islas Malvinas y dejó una frase que endurece el tablero: dijo que utilizarán la fuerza si es necesario para defender el territorio.
La declaración llegó en medio de una escalada verbal con Argentina. A inicios de mes, Javier Milei había dicho en un discurso a la nación que «los vientos de cambio soplan a favor de la reivindicación argentina» sobre la soberanía del archipiélago del Atlántico Sur, y añadió que «esta amenaza no es inocua».
Desde entonces, el conflicto fue sumando tensión. Según la nota, Milei impuso sanciones contra las compañías petroleras que operan en la zona y, más recientemente, en su discurso ante la ONU aseguró que «Malvinas es para nosotros una causa nacional».
Streeting defendió la posición británica en una entrevista con The Sun. Allí recalcó que las islas son territorio británico y criticó al mandatario argentino por afirmar que pertenecen a Argentina, al acusarlo de difundir la «misma propaganda falsa de siempre».
El ministro además le dijo a la periodista Kate Ferguson que lo que ha visto del presidente argentino es «lo mismo que oímos de los argentinos año tras año: quejarse de las Malvinas, diciendo que son suyas».
«Este asunto se resolvió en 1982 y sigue siendo la voluntad firme de los habitantes de las Islas Malvinas, la inmensa mayoría de los cuales, como saben, eligen ser británicos, y nosotros apoyamos a las Malvinas», argumentó Streeting.
Consultado luego sobre si su país sería capaz de proteger militarmente al archipiélago en caso de que Argentina enviara buques de guerra, respondió con un «sí». Y añadió: «Los argentinos no tienen la capacidad de tomar las Malvinas. Reino Unido sí tiene la capacidad de defenderlas».
Al mismo tiempo, descartó hablar de un posible conflicto armado, pese al tono más duro de sus palabras.
Las Islas Malvinas son territorio británico desde 1833. En un referéndum celebrado en 2013 entre los habitantes de la región, con una participación de 92%, el 99,8% de los votantes respaldó mantener su estatus de territorio de ultramar autónomo del Reino Unido, según consignó The Independent.
Para entender el presente hay que volver a esa semana: la disputa por Malvinas no solo es una bandera de política exterior, también es una prueba de hasta dónde están dispuestos a sostener su posición los Estados cuando el nacionalismo vuelve a subir el tono. La escena lo dice todo. Londres habló de fuerza, Buenos Aires de reivindicación, y en el medio quedó otra vez el peso de la disuasión.
En términos prácticos, el mensaje británico busca dejar claro que no habrá vacíos de poder sobre un territorio que considera propio. Para Argentina, el giro tiene un costo evidente: más tensión, menos margen diplomático y una disputa que, lejos de resolverse con consignas, exige realismo, orden y capacidad efectiva. Los detalles cuentan la historia.


