La escena lo dice todo. Seis aeropuertos —Pereira, Manizales, Quibdó, Armenia, Cartago y Buenaventura— con operaciones suspendidas mientras los técnicos evaluaban daños estructurales, y una sola aerolínea con capacidad real de respuesta en la capital de Caldas. Ese fue el escenario que encontró Clic Air la mañana del martes 11 de agosto.
La compañía anunció una operación especial de un solo día para fortalecer la conectividad aérea con Manizales ante las afectaciones generadas por el terremoto registrado en Colombia. El plan tenía dos ejes: ampliar la ruta desde Bogotá y abrir una conexión directa desde Medellín.
En la ruta Bogotá-Manizales, la frecuencia pasó de tres a cinco vuelos diarios por sentido. Los vuelos desde Bogotá quedaron programados para las 9:00 a. m., 9:55 a. m., 12:40 p. m., 1:10 p. m. y 3:30 p. m. Los de regreso desde Manizales saldrían a las 10:35 a. m., 11:25 a. m., 2:15 p. m., 2:40 p. m. y 5:05 p. m. En total, dos frecuencias adicionales en cada dirección.
El segundo frente fue Medellín. Clic Air habilitó dos vuelos diarios desde el aeropuerto Olaya Herrera hacia Manizales —a las 8:30 a. m. y 3:10 p. m.— y dos en sentido contrario, con salidas a las 9:25 a. m. y 4:05 p. m. desde la capital caldense.
El detalle operativo no es menor: los aviones de Clic Air son los únicos que aterrizan en el aeropuerto La Nubia de Manizales. Esa condición convirtió a la aerolínea en el único operador con capacidad inmediata de respuesta aérea para la ciudad, sin necesidad de coordinación con otras terminales o flotas.
La operación especial estuvo disponible únicamente el martes 11 de agosto y fue diseñada, según la propia aerolínea, para responder a las necesidades de desplazamiento generadas por las consecuencias del terremoto.
Los detalles cuentan la historia. Cuando las carreteras quedan comprometidas y los aeropuertos regionales cierran por protocolo de seguridad, la cadena de movilidad de una ciudad entera depende de decisiones que se toman en pocas horas. En este caso, la respuesta llegó del sector privado: sin decreto, sin licitación, sin burocracia intermedia. Una aerolínea evaluó la demanda, ajustó su programación y puso en el aire cuatro frecuencias adicionales en menos de un día.
El episodio ilustra algo que los gestores de política pública suelen pasar por alto: la infraestructura de libre empresa —rutas, flotas, slots operativos— puede convertirse en el primer respondedor de una emergencia, siempre que el marco regulatorio no se lo impida. La pregunta que queda sobre la mesa, una vez que el polvo del sismo se asiente, es si Colombia tiene la institucionalidad aeroportuaria para garantizar que ese tipo de respuesta ágil sea la norma y no la excepción.



