La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México logró la vinculación a proceso de Uriel «N», conocido como «El Cangreburguer» o «El Rolex». La autoridad lo señala como presunto colaborador de Juan «N», alias «El Seven», identificado como líder de una facción de La Familia Michoacana.
La escena lo dice todo. La detención ocurrió la noche del 30 de septiembre de 2026 en Milpa Alta, cuando elementos de la Policía de Investigación realizaban trabajos derivados de una denuncia por extorsión a comercios. En ese contexto, capturaron en flagrancia al presunto operador.
La Fiscalía capitalina informó que el imputado enfrentará cargos por narcomenudeo, cohecho y portación de arma de fuego de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas. Durante el operativo, los agentes aseguraron un arma de fuego, cartuchos útiles y diversas cantidades de narcóticos.
De acuerdo con la dependencia, Uriel «N» ofreció 20 mil pesos a los policías con el fin de evitar ser puesto a disposición del Ministerio Público. Ese dato forma parte de la investigación y fue expuesto por la propia Fiscalía CDMX.
Durante la audiencia celebrada este 7 de octubre, la autoridad judicial determinó que el delito vinculado con el arma de fuego deberá procesarse en el ámbito federal. Por eso intervino la Fiscalía General de la República. Los cargos por delitos contra la salud y cohecho permanecerán bajo competencia local.
Uriel «N» quedó en prisión preventiva mientras avanza el proceso. La Fiscalía CDMX también informó que será procesado por su probable participación en delitos contra la salud, en la modalidad de narcomenudeo con fines de comercio.
Las líneas de investigación apuntan además a su probable participación en extorsión y despojo en las alcaldías Tláhuac y Milpa Alta. La autoridad también lo investiga por un homicidio cometido durante 2026 en Tláhuac.
La Fiscalía capitalina ubica a Juan «N», alias «El Seven», como líder de una facción de La Familia Michoacana. Según esa misma información, el grupo mantiene presencia en Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco, además de municipios colindantes del Estado de México y Morelos.
Las investigaciones sobre esa estructura están relacionadas con extorsión, despojo, narcomenudeo y homicidio en esas demarcaciones y zonas limítrofes. En esa trastienda aparece una red que combina violencia, cobro ilegal y control territorial.
Para entender el presente hay que volver a esa semana. La captura de «El Cangreburguer» no solo expone una causa penal. También muestra la presión que ejercen estos grupos sobre comercios y barrios donde la autoridad intenta recuperar el control.
Ahí está el giro de fondo: cuando el crimen se mete en la economía cotidiana, el costo lo pagan los vecinos, los comerciantes y el empleo local. La extorsión no solo roba dinero; erosiona la libertad para abrir, vender y trabajar sin miedo.
En ese escenario, la respuesta del Estado importa por su eficacia, no por su retórica. La prisión preventiva, la separación de competencias entre fuero local y federal y la intervención de distintas fiscalías muestran un aparato institucional activo, pero todavía en una carrera que se mide por resultados.
Los detalles cuentan la historia. En Milpa Alta, una denuncia por extorsión derivó en la captura de un presunto colaborador de una facción criminal. Y en esa cadena de hechos se ve el daño real sobre la vida económica: donde manda la amenaza, retrocede la libre empresa.


