Pope Leo XIV pasó este miércoles por análisis de sangre y una radiografía de tórax tras la cirugía del martes para retirar un pequeño nódulo en su pulmón derecho. El Vaticano informó que los resultados confirmaron que su recuperación posoperatoria marcha dentro de lo previsto.
La Santa Sede dijo que «la noche pasó con calma» para el Papa en el hospital Gemelli de Roma. Horas después, añadió que el pontífice había comenzado fisioterapia respiratoria, caminaba por su habitación y había retomado la alimentación normal, con desayuno y almuerzo incluidos.
La intervención del martes duró cerca de 90 minutos, aunque el Papa pasó unas tres horas en el quirófano. Según el Vaticano, los médicos retiraron el lóbulo inferior del pulmón derecho y confirmaron un adenocarcinoma pulmonar, una forma de cáncer de pulmón, tras examinar el tejido durante la operación.
El propio Leo había anticipado el problema el lunes, al decir en la Plaza de San Pedro que los médicos encontraron «un pequeño bulto en el pulmón», identificado en una etapa muy temprana y bien localizado. Agregó que, siguiendo el consejo de los facultativos, decidió someterse a cirugía para retirarlo.
Los detalles médicos difundidos por el Vaticano insisten en que no hubo complicaciones durante la operación y que el procedimiento fue exitoso. En la práctica, eso deja al pontífice en una fase de vigilancia estrecha, con más pruebas sobre el tejido extraído para orientar los siguientes pasos del tratamiento.
Time explicó que el equipo quirúrgico, encabezado por el profesor Stefano Margaritora, actuó después de que el equipo médico liderado por Luigi Carbone detectara un nódulo sospechoso y realizara pruebas que sugerían que podía ser canceroso. La operación terminó con la confirmación de adenocarcinoma en la pieza removida.
Washington Examiner añadió que, antes de la cirugía, el Vaticano esperaba que Leo pasara una semana recuperándose en el hospital y que no diera audiencias hasta el 20 de octubre. También dijo que, por la mañana del miércoles, el plan de viaje del Papa a Uruguay, Argentina y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre seguía sin cambios.
Ese viaje, según Washington Examiner, cubriría unas 19,000 millas, con docenas de vuelos y dos trayectos en helicóptero. Sería, además, el viaje más largo de su papado hasta ahora.
El cuadro clínico tiene una lectura más amplia dentro de la Iglesia: se trata del estado de salud del líder de una institución que suele manejar estas cuestiones con extremo sigilo. Esta vez, sin embargo, el Vaticano optó por una secuencia inusualmente pública de partes médicos, desde la detección del nódulo hasta la descripción de la recuperación inmediata.
La escena lo dice todo. Un Papa operado de un pulmón, caminando por su cuarto, comiendo con normalidad y sometido a controles de rutina, mientras su oficina comunica cada paso. Para la Iglesia, la transparencia médica aporta certeza en un momento sensible; para la audiencia, deja claro que el desenlace inmediato no es político, sino clínico: observar, confirmar y esperar.
También hay un ángulo institucional que importa. Cuando el aparato eclesiástico informa que un procedimiento fue exitoso y que la recuperación avanza como previsto, lo que está en juego no es solo la salud personal de Leo, sino la continuidad de su agenda y de sus viajes. En una organización global como la Iglesia católica, incluso una cirugía de rutina puede alterar el ritmo de mando, la calendarización y la atención sobre el liderazgo. Por ahora, el mensaje del Vaticano es de estabilidad y control.

