La escena lo dice todo. Decenas de familias reunidas en las inmediaciones de La Pérgola, en San Miguel, para celebrar las fiestas titulares del distrito de Chinameca. Estructuras de pólvora encendidas, música, el calor propio de las patronales salvadoreñas. Y de pronto, el descontrol.
La Cruz Roja Salvadoreña Seccional Chinameca lo describió sin rodeos en su comunicado: «Lamentablemente, durante el desarrollo de la actividad, la manipulación de la pólvora se salió de control, desencadenando una situación de emergencia de gran magnitud que dejó un saldo superior a las 30 personas afectadas». Videos difundidos en redes sociales mostraron a decenas de asistentes corriendo para evitar ser alcanzados por las explosiones, lo que sumó golpes y lesiones cortantes a las quemaduras de diferente grado.
El operativo de respuesta incluyó a la Cruz Roja Seccional Chinameca, la Policía Nacional Civil, Comandos de Salvamento y personal municipal. Al menos 15 personas fueron trasladadas al Hospital Nacional de Nueva Guadalupe; otras cinco recibieron atención directamente en la base de operaciones por quemaduras y heridas cortantes.
No es un hecho aislado. Es el tercero de los incidentes pirotécnicos de magnitud registrados en El Salvador en lo que va de 2026. En enero, durante una festividad religiosa en Zacatecoluca, La Paz, más de 30 personas sufrieron quemaduras tras la quema de pólvora en honor a Jesús Cautivo. La mayoría fue atendida en el lugar, pero tres personas requirieron traslado hospitalario. En abril, en la parroquia Hermano Pedro de Betancur, también en Zacatecoluca, 16 personas resultaron heridas cuando chispas y explosiones alcanzaron a los espectadores durante la quema de «toritos pintos». Sumados los tres episodios documentados por la fuente, el número de personas afectadas supera las 76.
La quema de pólvora —«toritos», «castillos», fuegos artificiales— es parte constitutiva del programa cultural y religioso de las fiestas patronales en múltiples municipios del país. El arraigo es real y profundo: el evento de Zacatecoluca de enero acumula más de un siglo de tradición. Pero la fuente señala también lo que el entusiasmo suele eclipsar: el contacto directo con el material, la proximidad del público y la ausencia de medidas preventivas adecuadas han convertido estas celebraciones en un riesgo recurrente. Niños y adultos participan por igual, lo que amplía la exposición.
Los detalles cuentan la historia. Cada uno de estos tres incidentes ocurrió en el marco de una festividad religiosa con décadas o siglos de historia. Ninguno fue un accidente imprevisible en abstracto: los riesgos de la pirotecnia en espacios concurridos son conocidos y documentados. Lo que faltó, en los tres casos, fue el protocolo que convierte una tradición en una celebración segura.
Para Hemisferio, el patrón que emerge de estos tres incidentes en menos de ocho meses plantea una pregunta que las autoridades municipales y los organizadores no pueden seguir aplazando: ¿quién responde cuando la tradición se cobra víctimas? La Cruz Roja y los Comandos de Salvamento llegaron rápido en Chinameca, y eso merece reconocimiento. Pero la atención de emergencia es el último recurso, no la política de seguridad. Mientras no existan protocolos obligatorios de distancia, manejo certificado de materiales y supervisión efectiva en estas celebraciones, el saldo de heridos seguirá acumulándose festividad tras festividad. El costo, como siempre, lo pagan los asistentes con su piel.



