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Polo amenaza el noroeste mexicano con un segundo golpe y lluvias de alto costo

El huracán degradado a categoría 4 apunta a tocar tierra en Baja California Sur el lunes y, 24 horas después, volvería a impactar la costa del noroeste de México. Las autoridades ya activaron refugios y despliegues, mientras el riesgo se mueve del mar a la infraestructura y al dinero de los contribuyentes.
Imagen generada con IA
domingo 27 de septiembre de 2026

El huracán «Polo» llegó al fin de semana como una amenaza doble para México: primero en Baja California Sur y después en el noroeste continental, con una trayectoria que también podría llevar lluvias hasta Estados Unidos. La escena lo dice todo. Aunque el ciclón perdió fuerza y fue degradado a categoría 4, siguió siendo un sistema de alto riesgo para comunidades, puertos, carreteras y servicios públicos.

El Gobierno mexicano previó en conferencia de prensa que «Polo» toque tierra el lunes en la zona central de Baja California Sur, posiblemente como huracán categoría 1 o 2, y después cruce hacia el golfo de California para alcanzar Sonora el martes, convertido en tormenta tropical. Por su parte, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos situó al fenómeno el sábado en la tarde a 531 kilómetros al suroeste de Cabo San Lucas, con vientos máximos sostenidos de 233 kilómetros por hora y desplazamiento hacia el noroeste a 14,5 kilómetros por hora.

La diferencia entre una primera entrada y el segundo golpe importa. De acuerdo con la información difundida por las autoridades y los servicios meteorológicos citados en las fuentes, el sistema no solo tocaría tierra una vez, sino que volvería a afectar la costa del noroeste de México continental 24 horas después del primer impacto. AccuWeather advirtió que ese segundo ingreso podría provocar inundaciones repentinas que amenazan la vida en partes de Baja California Sur, Sinaloa, Sonora y Chihuahua.

En México, las autoridades ya se movieron antes del desenlace. El gobierno mantiene 554 refugios temporales en Baja California Sur, Sonora, Chihuahua y Sinaloa, mientras Protección Civil y Conagua despliegan personal y equipos en las zonas que podrían resultar más afectadas. Además, las fuertes lluvias y los vientos intensos asociados al huracán a lo largo de la costa mexicana del Pacífico obligaron a realizar evacuaciones, cerrar puertos y suspender clases esta semana.

Los pronósticos apuntan a un episodio de lluvia de gran escala. Entre el 26 y el 29 de septiembre podrían acumularse entre 150 y 250 milímetros de lluvia en zonas de Baja California Sur y Sonora, y entre 75 y 150 milímetros en Sinaloa, Chihuahua y Durango, según la información difundida por las autoridades mexicanas. El Centro Nacional de Huracanes añadió que se esperan entre 10 y 20 centímetros de lluvia en partes de Baja California Sur, con acumulaciones máximas de hasta 25 centímetros.

El fenómeno también arrastra una variable regional que complica la lectura del mapa. Fabián Vázquez Romaña, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional, explicó que «Odalys», otro ciclón activo en el Pacífico, aportará humedad y vapor de agua que «Polo» incorporará a su circulación, lo que favorecerá precipitaciones intensas en el noroeste mexicano y podría extender sus efectos hasta Nuevo México, en Estados Unidos.

Aun así, Vázquez Romaña descartó que la presencia simultánea de varios ciclones implique que puedan fusionarse o crear un supuesto «superhuracán». Explicó que existe el llamado efecto Fujiwhara, por el que dos ciclones suficientemente próximos pueden interactuar, pero aseguró que ese escenario no se prevé entre los sistemas actuales del Pacífico.

El huracán ya dejó además una marca excepcional en su evolución. Según explicó Vázquez Romaña, «Polo» acumuló más de 48 horas no consecutivas como huracán categoría 5, superando marcas anteriores de permanencia con esa intensidad en el Pacífico oriental. También se convirtió en el segundo fenómeno más intenso por presión mínima, solo detrás de «Patricia» de 2015; el tercero en viento máximo sostenido, por encima de «John» de 2024, «Kenna» de 2002 y «Otis» de 2024; y presentó la tercera intensificación más rápida, detrás de «Patricia» y «Otis».

Más allá de la estadística, el costo político y material ya está claro. Cada evacuación, cada cierre de puerto y cada refugio temporal habla de un aparato estatal que entra en modo emergencia para proteger vidas y evitar daños mayores. Pero también recuerda una verdad incómoda: cuando un ciclón obliga a detener clases, restringir accesos y movilizar equipos públicos, el golpe no cae solo sobre la costa, sino sobre la actividad económica, la logística y el bolsillo de los contribuyentes.

Para entender el presente hay que volver a esa semana: la amenaza no es solo el viento, sino la capacidad de respuesta de las autoridades y la resiliencia de la infraestructura. En un país donde los desastres naturales siempre ponen a prueba la administración pública, el desenlace de «Polo» será una medida directa de orden, preparación y disciplina institucional. Si el sistema aguanta, el costo será alto; si falla, lo pagarán primero las familias y después el erario.

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