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Poduje exhibe avances del Minvu y deja en segundo plano el debate con el gobierno anterior

El ministro de Vivienda y Urbanismo dijo que su cartera tiene 118 mil viviendas en construcción, 60 mil por iniciar y una ejecución presupuestaria de casi 61%. También sostuvo que en vivienda «no hay colores políticos» y que trabaja «para todos los chilenos».
Imagen generada con IA
lunes 14 de septiembre de 2026

A la salida del tradicional Te Deum Evangélico, el ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje, puso sobre la mesa una cifra que busca ordenar la discusión: «seis meses, 118 mil viviendas en construcción, vamos a iniciar 60 mil, tenemos un 80% de los subsidios asignados en Ñuble y Biobío, un avance físico de 24%, una ejecución presupuestaria de casi un 61%, vamos a llegar a 100% a fin de año, así que estamos muy conformes».

La escena lo dice todo. En un momento político cargado por el llamado a la unidad que realizó el Presidente José Antonio Kast en la misma ceremonia, Poduje prefirió mover el foco desde la disputa con el gobierno anterior hacia la administración actual de la cartera. «A estas alturas da lo mismo lo que pasó con el Gobierno anterior», dijo, marcando distancia de cualquier intento de convertir la vivienda en una contienda retrospectiva.

Su mensaje fue directo: cuando se trata de vivienda, «no hay colores políticos para nosotros». También afirmó que, cuando uno es ministro, «es ministro de todos los chilenos», y agregó que trabaja «para todos los chilenos, sean de izquierda, de centro o de derecha, lo mismo con parlamentarios, alcaldes y gobernadores».

Poduje insistió además en que su sueldo «lo pagan todos los chilenos», por lo que no puede «hacer diferencias entre gente de Gobierno o de oposición». En su formulación, la cartera aparece menos como un botín político que como un aparato estatal obligado a responder por resultados medibles y por una ejecución del gasto que, según dijo, ya llega a casi 61%.

El dato central de su intervención es la escala del plan que describió. No habló de promesas abstractas sino de viviendas en construcción, subsidios asignados, avance físico y ejecución presupuestaria. En un ministerio donde la demanda social suele chocar con la lentitud burocrática, el énfasis en metas concretas es también una forma de defender gestión.

Ese es el giro que intenta instalar el ministro: que la discusión relevante no sea quién administró antes, sino cuántas soluciones efectivas se están entregando ahora. En vivienda, la pregunta siempre termina siendo la misma: cuánto tarda el Estado en convertir presupuesto en casas, y cuánto de ese dinero de los contribuyentes se traduce en obras reales.

La lectura política es clara. Si las cifras se sostienen, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo puede presentarse como una cartera en movimiento, con recursos en ejecución y con obras en curso. Si no se cumplen, la misma vara que hoy sirve para exhibir avances puede volverse en contra de la gestión.

Para entender el presente hay que volver a esa semana: el gobierno busca mostrar capacidad de ejecución en un terreno donde el resultado sí se puede contar. Y en esa contabilidad, los protagonistas no son los eslóganes, sino las viviendas que efectivamente avanzan, los subsidios que se asignan y el presupuesto que no se queda atrapado en la trastienda de la burocracia.

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